Maldito cerebro
El dolor es una percepción aversiva que protege aquellos tejidos lesionados que deben ser protegidos en el proceso de reparación o que penaliza la actividad del individuo en contextos de enfermedad, con el objetivo de reducir el consumo improductivo de energía.
No siempre es así. Es más frecuente que el dolor no sea mas que la expresión de una valoración de amenaza errónea por parte del cerebro. El individuo consciente puede compartir o no esa valoración errónea.
El objetivo ante el dolor innecesario e improductivo es el de modificar la evaluación errónea cerebral que lo genera.
¿Cómo?
No lo sé.
Teóricamente:
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cambiando el paradigma: el dolor no informa del estado de los tejidos sino de cómo se evalúa la amenaza por parte del cerebro, a veces de modo erróneo.
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desde la convicción de falta de peligro, promover la actividad libre y confiada.
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centrando los recursos atencionales en la actividad programada.
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desatendiendo el dolor y el objetivo de minimizarlo a costa de la pérdida de actividad.
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primando la estrategia a medio y largo plazo sobre el resultado inmediato.
El proceso evaluativo cerebral integra muchos factores que interactúan de modo complejo y básicamente inconsciente a lo largo de la vida. No podemos modificar esos factores a nuestro antojo. Nos limitamos a crear condiciones de cambio en lo que conocemos y lo que decidimos hacer.
El objetivo de la Pedagogía es el de facilitar el conocimiento de los factores que integran la percepción dolorosa para que el padeciente decida desde un marco distinto al que la cultura oficial sugiere.
Muchas veces el cerebro modifica sus evaluaciones. Hay menos dolor, menos invalidez y menos consumo adictivo de terapias.
Otras veces nada cambia. No basta estar convencido y tratar de recuperar la actividad perdida. Todo sigue igual.
En ocasiones hay un cambio inicial, a veces brillante, pero el cerebro vuelve a las andadas, recupera evaluaciones pasadas y reorganiza el error.
Teóricamente no hay problema: si el cerebro reorganiza el miedo al daño y atribuye al dolor la validación de ese miedo (sesgo de confirmación) el individuo debe reaccionar con las armas del conocimiento y la conducta, reforzadas por el éxito pasado.
A veces es así. Todo vuelve a su cauce.
Otras veces el dolor gana la batalla e impone su ley. Los padecientes recuperan los fármacos y la inactividad con sentimientos de culpa por haber cedido a la presión de un dolor despiadado.
No es una situación fácil y no dispongo de recetas específicas. No hay plan B. Cada padeciente deberá explorar el modo de salir del círculo kafkiano del dolor sin daño, desde las mismas convicciones y determinación que le fueron útiles al comienzo.
Puede que la recaída resulte más complicada. No hay nada nuevo que conocer ni conducta que modificar. El padeciente hace lo “correcto” pero el dolor impone su ley.
En mi caso, con la reaparición del lumbago, me apliqué la receta: convicción de no daño, no modificar la actividad, no perder la calma. Resistir, persistir.
Sé que algunas amigas del blog lo están pasando mal con crisis renovadas de migraña.
Sólo puedo darles ánimo.
!Maldito cerebro¡
!Maldita la cultura que lo conectó¡
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