La debilidad de la mente
La mente, es decir el cerebro, gestiona junto con el sistema inmune los recursos defensivos del organismo. Activa y desactiva programas cuyo objetivo es minimizar la incertidumbre de daño.
La mente no nace. Se hace. No es inteligente per se sino en función de la calidad del proceso de aprendizaje que irremediablemente acometerá desde el nacimiento hasta la muerte.
La mente es débil: ignorante, incauta, influenciable, temerosa, desconfiada.
La mente está socializada. Su conectividad está poderosamente influida por la imitación y los dictados de instructores expertos.
Dicen que la mente tiene poderes que no aprovechamos.
Podríamos curar enfermedades si fuéramos capaces de activar el poder curativo oculto.
Podríamos curar la migraña, la fibromialgia, el colon irritable, el síndrome de fatiga crónica, la lumbalgia crónica…
– ¿También el cáncer, la tuberculosis, la anemia perniciosa, el hipotiroidismo..?
– No. Son enfermedades. La mente no puede curar enfermedades. Se limita a gestionar recursos defensivos: a activarlos y desactivarlos.
– He leído que con el efecto placebo se pueden curar enfermedades. Podemos engañar al cerebro haciéndole creer que hemos dado un tratamiento para una enfermedad sin dar nada y el cerebro, la mente, con sus poderes dormidos y ocultos, puede curarla.
– No es cierto. El efecto placebo no modifica la enfermedad sino el modo como el cerebro la gestiona. Podemos engañar al cerebro de un paciente con dolor intenso por infarto de miocardio agudo. El cerebro modifica su estado de alerta tras la administración de un placebo (suero salino); el dolor amaina, el paciente se siente mejor… pero el infarto sigue igual.
El efecto placebo no desvela el poder de la mente sino su debilidad: su dependencia de las expectativas y creencias.
El cerebro, la mente, puede equivocarse. La cuota de error puede aumentar si su escolarización al calor de la cultura (imitación e instrucción) potencia ese error.
Los neurólogos constituyen el colectivo humano con mayor incidencia de migraña. Tienen una mente teóricamente poderosa pues disponen de la mejor información para controlarla pero sucede justo lo contrario: su mente les hace vulnerables.
La mente no es mas que un conjunto de expectativas y creencias. Ahí reside su poder. Lo que cree y espera guía la gestión de los programas.
Los neurólogos creen que la migraña es una enfermedad cerebral genética, misteriosa e irreversible. Retroalimentan con su convicción la activación de los programas de dolor, intolerancia sensorial y digestiva que definen una crisis migrañosa. La migraña no es una enfermedad sino un despropósito de la mente.
La mente migrañosa mete en el mismo saco lo relevante y lo irrelevante, lo patógeno y lo inofensivo, y activa los mismos programas cuando el padeciente se ha “extralimitado” con un poco de vino que cuando un meningococo ha burlado las barreras defensivas y ha colonizado las meninges.
La debilidad de la mente es necesaria para la socialización del individuo, para su pertenencia a cualquiera de los múltiples rebaños ofrecidos por la cultura.
La debilidad mental nos obliga a adquirir conocimiento, aprender, pero nos hace dependientes de lo que damos por conocimiento válido: de lo que se cree se cría.
La debilidad mental hace que padezcamos programas defensivos en ausencia de daño y que esos programas innecesariamente activados se apaguen con un fármaco, unas agujas, unas bolitas homeopáticas o con hierbas.
La alostasis es la propiedad biológica que permite a un organismo gestionar recursos extra frente a situaciones de estrés, físico o psicológico.
La migraña, la fibromialgia, el colon irritable… son estados alostáticos en los que se despilfarran recursos sin justificación.
La carne es débil. También la mente. La tentación de activar recursos defensivos desde el miedo al daño es poderosa.
Cuide su cuerpo. Cuide su mente. Cuide la información.
Cuide su información. Las ideas son liposolubles y se fijan a la grasilla cerebral haciéndose con el mando
Corpus sanum in mente sana.
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