Nervios y neuronas
En el último curso de migraña alguien mostró su sorpresa al descubrir que había neuronas por todo el cuerpo.
– Pensaba que sólo había neuronas en el cerebro
Varios alumnos reconocieron también el mismo error.
Supongo que el error está muy extendido entre los ciudadanos. Ello implica que cuando sienten dolor en algún lugar del cuerpo piensan que surge necesariamente de algún tejido con problemas. Ese dolor sería detectado y conducido por “los nervios” y llegaría por fin a “las neuronas”, haciéndose allí consciente.
No me queda claro lo que el ciudadano entiende por “nervios” pero probablemente imagina unos”cables” que conducen el dolor. Esos cables conectarían los tejidos con las “neuronas”.
En el curso explicamos el nociceptor: la neurona especializada en detectar el daño violento consumado o inminente de cualquier población celular, convertir (transducir) ese daño en una señal eléctrica y conducirla hasta la médula espinal, lugar en el que esa señal genera la liberación de transmisores químicos (básicamente glutamato) que a su vez generan otra señal eléctrica en otras neuronas que retoman la conducción de la información hasta distintos lugares del encéfalo.
El nociceptor no se limita a detectar. También responde, liberando sustancias (CGRP, sustancia P) que colaboran en el despliegue de la respuesta inflamatoria local.
Los nociceptores son neuronas. Tienen el cuerpo en un ganglio nervioso situado muy cerca de la médula espinal. De ese cuerpo sale una prolongación (axon) que se divide inmediatamente en dos: una corta que va a la médula y otra larga que va en dirección opuesta, hasta todos y cada uno de los rincones del organismo, superficiales y profundos. Cuando llegan a su destino, los dos ramos del axon se dividen en una serie de ramitas que contienen vesículas con el neurotransmisor correspondiente.
El dolor no se genera en los tejidos (músculos, huesos, articulaciones, vísceras) ni en el nociceptor. Las células de los distintos tejidos mueren de modo violento; la muerte violenta libera moléculas señal que activan los sensores de daño consumado de los nociceptores y en esos sensores se produce la señal eléctrica que se conduce por el axon hacia la médula. En la médula tampoco se genera el dolor. Simplemente se transmite la señal de daño a otras neuronas para que la conduzcan hasta múltiples áreas cerebrales. Cada una de ellas la procesa desde una perspectiva específica y la activación conjunta de todas ellas da lugar a la percepción, al sentimiento de dolor. No existe dolor si todo ese conjunto de neuronas no se activa simultáneamente con un mínimo de intensidad.
Los tejidos mueren violentamente a consecuencia de estímulos físicoquímicos letales: temperaturas extremas, ácidos, compresiones, desgarros. las células no gimen ni gritan cuando mueren. La muerte violenta libera moléculas que informan del suceso. Los nociceptores han evolucionado hacia la detección sensible de esas células señal y hacia la conversión de ese hecho en una señal eléctrica. El nociceptor no sufre con la información, con la señal. No transporta dolor sino información sobre daño consumado o inminente.
El cerebro imagina la realidad externa e interna con dosis variables y cambiantes de acierto. El dolor surge de esa función imaginativa continua. En ocasiones tras la llegada de información de daño consumado o inminente y en otras por el grado de temor que se genere ese daño.
El dolor informa al individuo del estado de valoración del daño referido a un momento y lugar. La evaluación puede ser errónea. Ni el cerebro ni el individuo lo saben. Si lo es debemos ayudar a ambos a contabilizar ese dolor como erróneo, innecesario.
La proyección de dolor a la conciencia realimenta la evaluación de peligro e implica al individuo incitándole a una conducta defensiva.
Conscientemente podemos tratar de modificar esa evaluación y esa propuesta conductual. Podemos aceptar la sugerencia de peligro y tomar el calmante o podemos hacer lo contrario. Podemos equivocarnos, lógicamente, en cualquier dirección.
No sólo los alumnos están equivocados en la concepción del dolor. La mayoría de los profesionales piensan que el dolor surge de los tejidos y que los nervios lo detectan y conducen. Las terapias pretenden bloquear su transmisión con analgésicos, anestésicos, estimulación eléctrica o sección de los cables conductores.
Matar el nervio del dolor no siempre consigue eliminarlo. El cerebro puede reconstruirlo una y otra vez.
Para algunos todo esto es intrascendente. Lo que importa es el efecto, que deje de doler. Lo que hagan las neuronas sólo tiene que ver con el dolor psicológico, con las emociones, con la forma de ser de cada individuo.
No necesitamos saber. No somos, además, tan sabios. Si algo funciona es válido. La homeopatía, los calmantes, la acupuntura, las dietas, funcionan. ¿Cómo? No importa. Funcionan. Tengo la sensación de que la neurociencia del dolor no interesa. Molesta. Mejor ignorarla. - Yo sólo sé… que no quiero saber nada.
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