¿Es soportable el dolor?
Dice la IASP (Asociación internacional para el estudio del dolor) que el dolor es “una experiencia sensorial y emocional desagradable…”
Creo que el calificativo es demasiado light. Estaría más ajustado a la realidad el adjetivo insoportable.
El objetivo biológico (evolutivo) del dolor es el de sugerir, incitar u obligar al individuo a implicarse en una conducta defensiva para evitar un daño a la integridad de los tejidos.
Si de las áreas evaluativas cerebrales surge una evaluación de daño, esa evaluación se convierte, por mecanismos que se nos escapan, en la percepción dolorosa. Un conjunto o asamblea de neuronas genera de modo síncrono (a la vez) señales eléctricas y misteriosamente aparece en la pantalla consciente esa “experiencia sensorial y emocional desagradable” a la que se refiere la IASP. Detrás del dolor no hay más que un chisporroteo cerebral de diminutas señales eléctricas.
Toda percepción contiene una evaluación, una hipótesis sobre la realidad interna o externa y una propuesta de interacción con ella. Cada percepción tiene su cualidad, su emoción y su significado. El componente emocional es el que nos pro-mueve con más o menos apremio a ejecutar una conducta previamente registrada.
Cada padeciente es requerido pòr su cerebro con el dolor a una conducta individualizada, aquella seleccionada a lo largo del aprendizaje. Si se ejecuta esa conducta o ritual defensivo-preventivo, en algunos casos la propuesta defensiva hecha dolor se desvanece, se aleja el peligro con el conjuro conductual. Puede ser un fármaco, un vaso de agua, un caramelo, hacer flexiones o meditar. Todo vale si está validado como conjuro.
Si las áreas cerebrales han invalidado todas las conductas como conjuro suficiente, el dolor entrará en una espiral de autoalimentación hasta llegar al máximo de intensidad disponible en la red, hasta la saturación.
No hay quien pueda soportar la activación descontrolada de la red neuronal defensiva responsable de obligar al individuo a ejecutar lo que los programas proponen. En una crisis de migraña, los programas de dolor, vómitos e intolerancia sensorial, activados hasta el máximo de su potencia, proyectan un sufrimiento atroz, insoportable que llega a invitar al suicidio.
El organismo es un universo biológico despiadado, atemorizado, sin sentimientos. Sigue las leyes de la supervivencia individual y de la especie sin importarle lo que el individuo sienta o padezca. Lo fundamental en el dolor es lo que cada cerebro valore como amenaza, es decir, el modo como cada cerebro es instruído a generar significados en todo cuanto hacemos. Cualquier momento, lugar o circunstancia, cualquier acción individual, ya ejecutada o programada, puede contener el sello de algo amenazante, por más irracional que ello pueda ser.
Un día de viento sur, un sorbito de champán, un finde, unas próximas vacaciones… puede dar lugar a la tormenta cerebral migrañosa, a la vorágine del sometimiento despiadado del individuo a los miedos biológicos.
El problema no reside en estas dinámicas poderosas y aterradoras de nuestro cerebro sino en el proceso de aprendizaje que podría y debería contenerlas, regularlas.
La cultura del dolor alimenta el modo descontrolado cerebral y genera la cronificación o las activaciones sin límite.
Las terapias, los conjuros, alimentan tambien el despropósito de las áreas evaluativas.
El sistema neuroinmune es poderoso. Puede matar y mortificar y nada lo impide si no conseguimos sacarle de sus casillas evaluativas.
Ante la migraña caben varias opciones:
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aceptar el estigma genético y buscar paliativos, que acaban siendo inútiles y adictivos
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visitar todos los mercadillos de los remedios por ver si alguno es eficaz
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reeducar el cerebro para ahuyentar los miedos potenciados con las dos anteriores propuestas.
No podemos instruir al sistema inmune. Sí podemos y debemos instruir al cerebro.
– Tienes que aprender a soportar, sobrellevar, el dolor. Estás enfermo.
¡Al carajo!
-Tienes que trabajar la valoración de amenaza que tu cerebro aplica.
¡Tonterías!
¿Tonterías? No lo creo.
– No soporto este dolor
– Tienes que aprender a soportarlo. Te mando al psicólogo a que te enseñe cómo hacerlo.
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