Fibromialgia. Una enfermedad invisible
La fibromialgia es una enfermedad que genera sufrimiento e invalidez reales. Quien la padece sabe que es así aunque haya profesionales que lo nieguen. Sin embargo nadie ha detectado la enfermedad. Sostienen los pacientes que debe tratarse, por tanto, de una enfermedad invisible pero real.
Hay varias maneras de interpretar la hipótesis de la enfermedad invisible:
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la enfermedad está ahí. Los síntomas son reales, luego tiene que haber necesariamente una enfermedad. El que no se detecta se explica por la incapacidad de la tecnología actual para conseguirlo. Ya sucedió en el pasado con las enfermedades infecciosas: generaban muerte y los expertos la atribuían a causas misteriosas (los miasmas, efluvios pútridos derivados de la descomposición de la materia orgánica) o psicológicas (siempre femeninas). Se descubrieron los microbios y se acabó con la historia de la invisibilidad, los miasmas y la psicogenia. Puede que suceda lo mismo en el futuro con la fibromialgia. Se descubrirá un agente patógeno que ahora desconocemos y se pondrá fin a las especulaciones, misterios y, sobre todo, con las vejaciones.
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no existe tal enfermedad. De ahí que sea invisible. Es una cuestión de fe: creer en lo que no vemos. Los pacientes creen en una enfermedad a pesar de su invisibilidad apoyados en sus poderosos sentimientos de enfermedad. Realmente sólo hay cuestiones psicológicas que se expresan erróneamente como si hubiera una enfermedad. Los pacientes somatizan. Se trata de una enfermedad psicosomática.
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el organismo no está enfermo pero el sistema nervioso procesa mal las señales del día a día somático. Lo inofensivo genera dolor; la inactividad, cansancio; el agotamiento no induce sueño reparador; la mente está embotada; el ánimo por los suelos. Es un sistema nervioso hipersensible, patológico, incapaz de generar el dinamismo necesario para la brega diaria. Las causas pueden ser múltiples: genes, estrés, toxicidad ambiental, traumas físicos y emocionales previos, nutrición, virus… El sistema nervioso forma parte del organismo. No trabaja adecuadamente. Procesa mal. Amplifica las respuestas negativas, restrictivas e insufribles. El término “sensibilización central” expresa esa hipótesis. La enfermedad está instalada en la red neuronal. Por los motivos que sean está ahí afectando el modo normal del funcionamiento de las neuronas. La fibromialgia es una enfermedad de la red neuronal. Es invisible pero tenemos evidencias sobradas de que las neuronas no hacen lo que debieran.
Realmente hay otras enfermedades invisibles:
Analicemos una de ellas: la miastenia gravis. Quien la padece sufre fatiga muscular de intensidad y distribución variable. Los músculos se fatigan de modo patológico, incluso los respiratorios o la deglución. Es una enfermedad potencialmente letal. Aparece una parálisis extrema y sobreviene la muerte. No hay rastro de enfermedad. Los músculos disponen de toda la infraestructura necesaria para contraerse debidamente cuando se requiere. Las neuronas liberan acetilcolina, el mensajero químico que pone en marcha el complejo proceso de la contracción muscular pero el músculo no se contrae: el sistema inmune ha generado anticuerpos contra los receptores de acetilcolina: alguien ha decidido poner silicona en todas las cerraduras y las puertas no se abren: la ciudad no funciona. No es una ciudad enferma. Por motivos que se nos escapan los organismos que gestionan la seguridad han decidido bloquear las cerraduras. Podemos analizar la sangre de los pacientes y demostrar la prueba de lo que sugerimos: hay anticuerpos antireceptor de acetilcolina. El sistema inmune no debiera generar anticuerpos frente a los tejidos sanos pero a veces lo hace. Puede activar la muerte programada de las células del riñón, de la piel, de los pulmones, del cerebro; puede activar la respuesta inflamatoria en cualquier componente de los tejidos del organismo, con los consiguientes destrozos.
El sistema inmune se activa por error de valoración de amenaza. No hay enfermedad que combatir. Sólo fuego amigo. Error. Sólo error. No tiene sentido hablar de enfermedad invisible que burla la vigilancia y las técnicas diagnósticas. No hay enfermedad. No había enemigo. Sólo un sistema inmune equivocado.
La miastenia gravis es una enfermedad autoinmune. No hace falta buscar una enfermedad oculta. Tenemos las evidencias de un sistema inmune que ha tomado una decisión equivocada con resultado de muerte. La acetilcolina es una molécula habitual del organismo. ¿Cómo se puede llegar a considerarla un peligro hasta el extremo de bloquear su acción?
El sistema inmune es peligroso. Está dotado de armas eficaces frente a gérmenes y otros patógenos biológicos (incluidas las propias células del organismo) y ejerce un control de calidad minucioso sobre la fiabilidad de los procesos del día a día. Cataloga todas las moléculas y las evalúa. Si les atribuye valor informativo de amenaza se dispara ciegamente la respuesta defensiva con resultado de anulación física o funcional de tejidos sanos.
¿Podría ser la fibromialgia una enfermedad autoinmune?
No hay evidencia actual de que así sea pero podríamos investigar la hipótesis de la existencia de anticuerpos antialgo que se nos escapa. Se describen de cuando en cuando anticuerpos que explican bien algunas enfermedades. No podemos negar la hipótesis pero no tenemos evidencias ni indicios de que sea así. En todo caso serían anticuerpos no detectados por la tecnología actual.
¿Qué sucede con la red neuronal? También forma parte del sistema de defensa. Evalúa y cataloga todo tipo de agentes y estados, internos y externos, que pueden informar de estados de amenaza hipotéticos. Si valida cualquier información como indicador de amenaza activa las respuestas de alerta correspondientes. Es menos expeditivo que el sistema inmune, afortunadamente. No mata ni anula funciones pero mortifica y genera sentimientos de enfermedad que se proyectan a la conciencia incitando a la conducta de enfermedad. El cerebro utiliza la percepción somática para invitar u obligar al individuo a comportarse de un modo determinado. No hace falta enfermedad consumada ni inminente. Basta con la enfermedad imaginada, invisible e irreal pero capaz de activar los programas que activa la enfermedad real.
- la invisibilidad de la enfermedad fibromialgia se debe a que no existe tal enfermedad. Sólo detectaremos indicadores de respuesta de alerta y los cambios que el estado de alerta crónico va induciendo en el organismo. El equivalente a los anticuerpos de acetilcolina de la enfermedad autoinmune miastenia gravis, es el conjunto de “alteraciones” descritas en el comportamiento de la red neuronal.
Al igual que hacemos con las enfermedades autoinmunes podemos abrir un nuevo apartado de enfermedades autoinducidas desde el propio organismo, esta vez desde la red neuronal. No es el individuo el que se induce el estado de alerta. El paciente con miastenia no gestiona los anticuerpos antireceptor de acetilcolina. El paciente con fibromialgia no gestiona el estado de los programas defensivos.
Hay una diferencia sustancial entre el sistema inmune y el sistema nervioso:
la conciencia, la voluntad, la imaginación, las creencias, la cultura, el lenguaje: son prestaciones neuronales disponibles para intervenir en la gestión del organismo desde el individuo. No podemos hablar con el sistema inmune, hacer pedagogía de la apoptosis o la inflamación con la pretensión de que dejen de activarse cuando lo hacen equivocadamente. Sí podemos influir con las decisiones conscientes del individuo en las decisiones cerebrales. Podemos 1) reforzar la tesis de la enfermedad real no detectada y desarrollar conductas de enfermedad, solicitando pruebas diagnósticas y todo tipo de terapias o 2) comprender que no es necesaria la enfermedad para explicar el infierno de la fibromialgia. Basta aceptar la hipótesis del cerebro equivocado y buscar el modo de influir a través de nuestra convicción consciente y argumentada y nuestra conducta resuelta coherente con lo que creemos.
¿Enfermedad invisible? ¿Por qué no el error como estado patológico? Para muchos va haciéndose visible y ello les ha abierto un nuevo camino que les aporta alivio y recuperación de la actividad perdida.
¿Más resonancias, análisis, fármacos, fisioterapia y ayuda psicológica? Desde la perspectiva de la enfermedad real invisible está plenamente justificada la solicitud pero ello trae consigo el reforzamiento de la tesis de enfermedad y la cronificación del error cerebral.
¿Por qué no la pedagogía de organismo, de la red neuroinmune, de la culturización? ¿Dónde está el problema? ¿Por qué la propuesta evoca el rechazo?
¿Enfermedad invisible o error que no acabamos de ver? Son hipótesis de trabajo válidas pero es difícil conciliarlas. En cualquier caso no hace daño la divulgación de los conceptos novedosos. de la Neurociencia.
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