III Congreso Internacional de la Sefid. Sevilla
Hemos celebrado (disfrutado) los días 17 y 18 de este mes el III Congreso de la Sociedad Española de Fisioterapia y dolor (SEFID). Ha colaborado con entusiasmo y eficacia el Colegio de Fisioterapeutas de Andalucía.
No ha podido ser más acertada la imagen que acompaña la convocatoria: el paciente dice: pain (dolor) a la vez que su cerebro contiene las explicaciones (evitación, miedo, cultura, ansiedad, actividad cerebral…).
El dolor y el cerebro están inevitablemente ligados. El dolor surge exclusivamente cuando un conjunto de áreas cerebrales se activa conjuntamente. El por qué se activan es otra cuestión, o mejor dicho, la cuestión.
350 fisios, un médico (Iñaki), un neurólogo (yo) y supongo que algunos psicólogos, nos sentamos en el salón para escuchar las ponencias en las dos intensas jornadas.
Dolor, cerebro, miedo al movimiento, exposición graduada para vencerlos. Esas son las claves. Nada de musculaciones, ergonomías, buenas posturas, alimentación, estiramientos o electromagnetoestimulación. Miedo al movimiento. Esa es la cuestión. Hay que moverse, coger peso, bailar, saltar… pero hay que hacerlo desde la convicción de que el intento no daña huesos, articulaciones, músculos ni nervios. Por ello primero se debe explicar el proceso neuronal del dolor. Hay que educar en neurofisiología.
Un colectivo creciente de fisios se interesa por el trabajo de la red neuronal a la vez que suelta el lastre de caducos conceptos biomecánicos, aquellos que deben soltarse, aquellos que injustificadamente alimenten el miedo del paciente a sentarse, caminar o hacer deporte.
Un creciente número de fisios se interesa por cuestiones cerebrales: memoria, atención, predicción, miedo, expectativas, creencias, imaginación.
Un creciente número de fisios quita el miedo a considerar conceptos psicológicos básicos como el condicionamiento clásico u operante.
Un creciente número de fisios descubre que el movimiento es una acción con un objetivo y una evaluación de riesgos y que ese objetivo y esa evaluación se realiza en la red neuronal.
Un creciente número de fisios descubre que la información de los expertos modula la conectividad neuronal y que las expectativas de los pacientes responden a lo que sus expertos les han inculcado.
Un creciente número de fisios se interesa por estas expectativas y creencias y sabrá que deben modificarse para conseguir que el paciente recupere la actividad y el disfrute perdidos.
Un creciente número de fisios. Así es pero siguen siendo minoría.
Lo escandaloso es que los médicos no muestren señales de interesarse por la trama neuronal del dolor.
Más escandaloso aún que los neurólogos tampoco lo hagan. Al fin y al cabo son los que debieran asumir la responsabilidad de gestionar la salud del trabajo neuronal.
El cerebro es un órgano peligroso. No está dotado de inteligencia. Sólo dispone de una arquitectura y unas dinámicas para adquirirla a través del aprendizaje, sin ninguna garantía de acierto. Somos una especie dependiente de la tutoría de los expertos, de los que saben. ¿Quién sabe quién es el que sabe, el que dispone de conocimiento fiable, actualizado, sin sesgos de interés profesional?
Los profesionales guiamos el proceso de conectividad cerebral de las áreas que al activarse generan dolor. A veces con razón y otras sin ella.
El miedo debe combatirse con la racionalidad, con el conocimiento de lo que realmente está pasando o pudiera pasar.
La posibilidad teórica del daño no debe alimentar el miedo irracional.
El III Congreso de la Sefid ha sido un Congreso contra el miedo.
El fisio joven, instruído en los modelos biommecánicos que exigen buenas posturas, músculos poderosos y saludables modos de coger pesos, que aspiran a adquirir el poder de detectar y modificar los tejidos profundos con sus manos, debe perder el miedo a renunciar a gran parte de lo que le han enseñado y también debe perder el miedo a conocer y aplicar los nuevos paradigmas del dolor.
Sólo queda felicitar a todos los que han hecho posible el Congreso e iniciar la cuenta atrás del próximo.
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