Cómo deberían ser los médicos que tratan los síndromes de sensibilización central
Maritere nos ha facilitado un enlace a un recomendable artículo del Dr. Yunus, uno de los líderes mundiales en fibromialgia y proponente del término “Síndromes de sensibilización central”, que englobaría un conjunto de etiquetas diagnósticas (migraña, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, colon irritable, etc) en las que no se ha demostrado patología estructural (enfermedad en sentido clásico) pero sí variables funcionales neuroinmunoendocrinas que dan el certificado de alteración objetiva y desacreditan cualquier propuesta de origen “psicológico” (en sentido clásico).
http://afibro.org/2012/04/como-deberia-ser-un-medico-por-dr-m-yunus-reumatologo/
Suscribo la totalidad del contenido del artículo en lo que concierne al derecho del paciente a ser atendido por el profesional con absoluto respeto y competencia profesional, validando el sufrimiento como absolutamente real y derivado de un mal funcionamiento del organismo en el que reside y no como consecuencia de oscuras y malintencionadas dinámicas psicoanímicas.
No comparto la afirmación de que los síntomas provienen de una supuesta enfermedad sistémica que generaría una disfunción global neuronal, inmune y endocrina.
Desde la perspectiva defendida por Yunus se explicaría el dolor “por una serotonina baja y una sustancia P elevada” y los estados de sensibilidad múltiple por un estado disfuncional de sensibilización central.
A la hora de reflexionar sobre el origen de esos estados disfuncionales orgánicos sólo se cita la genética y los acontecimientos biográficos psicofísicos desencadenantes. No hay mención al aprendizaje modulado por la instrucción experta ni se contempla la posibilidad de la curación. Se habla de la terapia cognitiva conductual pero no de la Educación en Neurofisiología del dolor (o percepción de enfermedad si se prefiere).
El Dr. Yunus exige a los profesionales la actualización en el conocimiento de los síndromes de sensibilización central pero no tiene en cuenta las aportaciones de las Neurociencias desde universos no contemplados por su propuesta.
Los sistemas inmune y nervioso son sistemas que aprenden y cometen errores. Existe una patología del aprendizaje y desarrollo de expectativas y creencias, entendidas ambas como una función celular de las redes neuronal e inmune.
Pretendiendo superar y criticar el dualismo de lo físico y lo psicológico, de lo orgánico y lo funcional, el Dr Yunus desconsidera el factor de aprendizaje como un contenido absolutamente orgánico.
Los que defendemos el modelo biocultural no despreciamos los datos aportados por la investigación de las variables orgánicas descritas en la fibromialgia, o cualquier otro síndrome de sensibilización central. Las tenemos en cuenta pero también contemplamos la trascendencia de la construcción de expectativas y creencias en el curso del aprendizaje y entendemos que ese proceso está tutelado por la instrucción experta, la cual contiene implícitamente la posibilidad de animar sin intención el proceso de construcción de una convicción de “enfermedad” (en sentido clásico) en un organismo razonablemente sano (también en sentido clásico).
Pensamos que los síndromes de sensibilización central contienen la patología de la función predictiva neuronal que genera una activación innecesaria de recursos de alerta y penalización vital que invalidan al individuo y le hacen sufrir innecesariamente. Estaríamos ante una alostasis patológica.
Desgraciadamente se reflexiona poco sobre esta cuestión o, peor aún, se malentiende o tergiversa aduciendo que la propuesta pertenece al universo de los que pensamos que “todo está en la cabeza” y que admitimos el origen “psicológico” (en sentido clásico).
Las neuronas son entes físicos pero trabajan contenidos psicológicos como la predicción probabilística. El cerebro de un recién nacido es una máquina bayesiana que construye hipótesis compulsivamente y toquetea el mundo para obtener datos que confirmen o refuten dichas hipótesis. El proceso está poderosamente modulado por la imitación y la instrucción de progenitores y profesionales y nadie tiene la garantía de que todas las hipótesis validadas sean veraces y funcionales.
Si estamos en lo cierto, no es indiferente defender la propuesta de “enfermedad misteriosa e incurable” que somete al organismo a una disfunción global y que sólo puede ser afrontada desde la aportación de ayudas farmacológicas, físicas y psicológicas externas. Ello niega la posibilidad de una ayuda informativa que puede invertir el proceso. Estamos hablando de la Educación en Neurofisiología del dolor (o de la percepción somática, si se prefiere).
Defendemos los derechos de los pacientes y esa defensa incluye el derecho a disponer de una información actualizada desde la perspectiva de la Neurociencia. Negar ese derecho o, peor aún, combatirlo, es hacer un flaco favor a los pacientes.
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