La neuropedagogía y las terapias
En los cursos no decimos a los alumnos qué deben hacer con los fármacos o con cualquier otra forma de terapia que siguen. Ellos deciden. Nos limitamos a informar sobre los procesos básicos del sistema neuroinmune de defensa. No les desaconsejamos el uso de antiinflamatorios; les explicamos la inflamación, su papel en la reparación y regeneración de los tejidos y les informamos que no existe inflamación en los casos que nos ocupan (fibromialgia, migraña, dolor crónico).
Las denominadas terapias buscan el alivio de los síntomas pero no inciden en su origen y significado. Los síntomas no lo son de una enfermedad. Aun cuando lo fueran su alivio no indicaría que estamos ayudando al organismo a vencerla. Más bien todo lo contrario.
La fiebre en una infección es un síntoma del programa defensivo del organismo. Con un antitérmico puede que nos sintamos mejor pero no estamos ayudando a vencer la infección. Sólo los antibióticos, en caso de estar indicados, serían terapia antiinfecciosa.
No hay terapia contra la fibromialgia ni contra la migraña. Se usan fármacos que tratan de minimizar sus síntomas, con modestos y transitorios resultados. En ambos casos no existe un agente infeccioso, un cáncer, una disfunción endocrina, una toxicidad sobre la que podamos y debamos intervenir.
Las guías recomendadas por los profesionales aconsejan terapias que ofrecen menos alivio del que proclaman. Nuestros alumnos generalmente las conocen y en muchos casos las han abandonado por haberlas considerado ineficaces y tóxicas. Otras veces siguen con ellas por el temor a dejarlas y sufrir.
El caso es que prácticamente desaparece el consumo de fármacos a la vez que los síntomas defensivos (dolor, intolerancia a lo inofensivo) mejoran sustancialmente en la migraña y con menos contundencia en el dolor crónico y la fibromialgia.
No hay duda de que nuestros migrañosos padecen lo que los expertos definen como migraña y que nuestras padecientes de fibromialgia sufren los síntomas que se exigen para validar la etiqueta.
No puede ser que una enfermedad (¿cuál?) incurable “por definición” se cure por lo que si sucede tal cosa es porque hay un error diagnóstico. Si se cura no es migraña ni fibromialgia. No puede ser. Será otra cosa. ¿Cuál?
En los casos de “curación” se recataloga como sano el organismo y/o como inofensivo lo que no contiene una amenaza. Los programas se desactivan y su expresión desaparece. Hemos ayudado al organismo a recuperar la estima de salud.
No es fácil disolver la convicción de enfermedad con los programas activados. No es fácil abandonar las terapias cuando uno sufre y cree necesitarlas para mantener el tipo cotidiano.
A nadie le inculpamos. Más bien lo contrario.
Aseguran las guías oficiales que la fibromialgia, el dolor crónico y la migraña son enfermedades sin poder decir cuáles y sin encontrar rastro de ellas. Confunden los síntomas de los programas defensivos activados con síntomas de enfermedad.
Los programas se activan en el cerebro desde la valoración de amenaza. Cuando señalamos al cerebro nuestros detractores critican que digamos que “todo está en la cabeza” dando a entender que los síntomas existen porque los pacientes los crean con no se sabe qué intención. Los síntomas son los mismos si existe enfermedad o no. Es el mismo programa. La alarma salta tanto si han entrado a robar como si el que entra en casa ha olvidado desactivarla.
Si andamos en lo cierto la pedagogía puede ayudar al cerebro a desactivar el círculo vicioso de confundir los síntomas de sus programas con los de una supuesta enfermedad. La detección de error es una función neuronal básica. El sesgo de confirmación es el efecto contrario que cierra el círculo vicioso. La disonancia cognitiva blinda el error frente a propuestas contrarias de lo que se cree.
Argumentan los detractores que las guías oficiales son las más fiables y deben seguirse. Es un argumento de autoridad (falacia ad verecundiam) desprovisto de lógica. Si se hubiera aplicado siempre la Medicina no habría evolucionado. En ocasiones tienen razón una minoría que debe abrirse paso con la oposición de los expertos.
Es fácil y comprensible defender el uso de todo tipo de terapias cuando hay sufrimiento e invalidez.
No es admisible oponerse a la utilización de la Neurociencia para comprender y tratar de disolver los errores del organismo.
Dicen los detractores que el conocimiento no modifica las conexiones neuronales responsables del sufrimiento sino que debe reactivarse una “zona dañada”. Se niega que exista un aprendizaje del dolor. Se niega también la posibilidad de “superar una enfermedad crónica” dando por sentado que crónico es igual a irreversible.
Dicen que dejamos a los pacientes abandonados con una palmadita en la espalda y que les culpabilizamos de que no mejoren.
En fin, esperemos a tener noticia de lo que hoy se hable con los políticos.
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