Síndromes y programas
Un síndrome es una agrupación de síntomas y signos. El síndrome gripal, por ejemplo, contiene fiebre, dolorimiento general, picor nasal y traqueobronquial e hipersecrección de mucosas.
Los síntomas son efectos de la activación de programas. Su objetivo es el de proyectar a la conciencia del individuo sensaciones que incitan a una conducta defensiva. La sensación del picor cutáneo a la conducta de rascado, la del picor nasal a la de estornudar, la del picor laríngeo a la de toser y la del picor uretral a la de orinar.
Los síntomas sólo certifican que se han activado los programas que los generan, en un momento, lugar y circunstancias determinados. No garantizan que su activación esté justificada. Sólo sabemos que están activados.
No existen falsos síntomas. Los programas, una vez activados, generan siempre síntomas reales. El dolorimiento general con cansancio y desgana para la interacción social se activa en la gripe pero también en la depresión y en la fibromialgia. Los síntomas son iguales en las tres situaciones. Por sí solos no permiten el diagnóstico. Deberemos recurrir a otros datos adicionales: en la gripe existe la fiebre y los síntomas y signos catarrales, componentes de programas distintos que no se activan en la depresión ni en la fibromialgia.
Un síndrome agrega síntomas generados por conjuntos variables de programas. En la migraña se activa el programa dolor (en una mitad de la cabeza o en toda ella) junto al de la intolerancia digestiva y al de la aversión sensorial. Son tres programas distintos, integrados en el síndrome migrañoso.
El síndrome migrañoso se activa también en la infeccion meníngea meningocócica, con la misma cualidad. En la infección meníngea hay, además, fiebre (programa de hipertermia), meningitis (programa de inflamación en las meninges) y muerte, si no se toman medidas terapéuticas urgentes.
Ante los síndromes debemos descartar la existencia de enfermedad. Hoy podemos hacerlo con una buena valoración de los síntomas y una buena exploración y con la ayuda de pruebas complementarias. Si no hay sospecha-evidencia de enfermedad podemos concluir, razonablemente, que estamos ante una activación no justificada, un falso positivo: ha habido una atribución de probabilidad de enfermedad por parte del organismo; ello ha dado lugar al encendido de los programas y, a partir de un umbral de probabilidad determinado se ha producido la proyección a la conciencia.
Podemos imaginar los síntomas a nuestro antojo pero sólo de modo evanescente. El yo consciente no tiene poderes para encender (ni apagar) programas. Con la imaginación activamos las áreas necesarias pero sólo levemente. Podemos calentar algo el agua pero no hacerla hervir. Para que los síntomas aparezcan en la conciencia se precisa un nivel mínimo de evidencia o sospecha cerebral-inconsciente de enfermedad. El miedo del individuo al robo no dispara la alarma. Sólo la evaluación del sistema de seguridad activará la respuesta. Si el individuo quiere que salte la alarma deberá atracar con violencia su propio domicilio.
En la fibromialgia se activa el programa “respuesta de enfermedad”, por evaluación cerebral de sospecha de enfermedad. La sospecha no se confirma por los estudios complementarios. Lo lógico sería que se apagara el programa. No ha habido robo ni se queda escondido el ladrón en la casa. El sistema evaluativo ha producido un error. Debe identificar la causa del error y disminuir para el futuro la probabilidad de ese error.
La detección de error es una función fundamental en los sistemas que aprenden. Si ante un falso positivo de robo se concluye que el ladrón está escondido o ha burlado el sistema, este reacciona sensibilizando más sus recursos y valoraciones haciendo más probable que se active el programa en el futuro. Estamos ante el sesgo de confirmación: negar la posibilidad del falso positivo y conceder a la activación de la alarma la virtud de la realidad del robo. Si se activa la alarma es porque hay robo potencial, aun cuando no se haya consumado.
Residir en un organismo con un programa de alerta a enfermedad activado es un horror kafkiano.
– Tiene que haber un ladrón en mi casa.
– No hay ninguna evidencia de robo ni de ladrones
– ¿Entonces por qué está activado el sistema de seguridad?
– Son imaginaciones suyas. Si no hay robo ni ladrón no es posible. No le creo. Le aconsejo una visita a Psiquiatría.
El dolor es una opinión cerebral, dijo Ramachandran. Una opinión acertada a veces y desacertada en otras.
El cerebro se equivoca. A veces consigue contagiar el error al individuo consciente.
El profesional está en lo cierto cuando afirma que no existe enfermedad (robo-ladrón) detectable.
El profesional se equivoca cuando concluye que el padeciente imagina todo y no cree que estén los programas activados.
El padeciente se equivoca cuando niega la posibilidad del falso positivo y las explicaciones del error evaluativo cerebral.
La detección de error: una función complicada, tanto para el cerebro como para el profesional y el padeciente.
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