Síndromes, enfermedades, estados, trastornos
¿Son la migraña, fibromialgia, colon irritable, dolor crónico sin daño relevante… enfermedades?
Desde la perspectiva de la definición de la OMS no hay duda. Quien las padece está alejado de disfrutar un estado de bien-sentirse y funcionar aun cuando su organismo esté razonablemente bien, con análisis y pruebas de imagen negativas.
Uno puede encontrarse estupendo y disfrutar la vida sin limitaciones físicas ni psicológicas pero en una revisión le pueden detectar un cáncer oculto y asintomático. Nadie discute que tiene una enfermedad: el cáncer. No hay correlación entre estar y sentirse enfermo.
En los casos que nos ocupan, los padecientes se sienten enfermos, realmente enfermos, con mucho sufrimiento e invalidez. Sin embargo se discute si están enfermos, dado que las pruebas son negativas y que la comunidad profesional duda (arbitrariamente) de la realidad de su relato o lo atribuye a variables psicológicas que proyectan apariencia de enfermedad.
Los padecientes reclaman, con toda justicia, la consideración y trato de enfermedad frente a otras propuestas más ambiguas y poco fiables (trastorno psicosomático, somatización, “nervios”, depresión).
Las pruebas de enfermedad son abrumadoras para quien la sufre pues tanto la fibromialdia, como la migraña o el dolor crónico convierten la vida en un infierno por la severidad de los síntomas. Sin embargo el profesional no encuentra justificación para tanta apariencia de enfermedad. Todo es normal. No puede haber una causa física. Si la hubiera sería desconocida e indetectable. Puede que todo se explique si se enfoca la situación como un trastorno psicológico.
– Le mando a Psiquiatría.
Habría que distinguir los síntomas generados por una enfermedad o lesión de los que se limitan a expresar la actividad defensiva del organismo frente a una enfermedad (real o imaginada).
Debo precisar que cuando hablo de enfermedad imaginada me refiero al cerebro, órgano predictivo que imagina la realidad interna y externa. El individuo consciente también imagina pero, de momento, nos ceñimos al ámbito inconsciente de la actividad neuronal.
En la migraña y fibromialgia los síntomas aparecen porque el cerebro ha activado programas defensivos, preventivos, de enfermedad. El dolor, los vómitos, la intolerancia sensorial, el cansancio, la alteración del sueño y el estilo cognitivo son componentes de los programas defensivos que el cerebro ha decidido activar. Desde el punto de vista de la definición de la OMS de enfermedad, los padecientes están enfermos, son enfermos, padecen enfermedades. Los síntomas son la expresión de la enfermedad, la validan. Sin embargo no hay enfermedad. Sólo programas activados, que debieran estar apagados.
¿Podemos considerar como una enfermedad la situación de programas defensivos activados aun cuando no haya enfermedad?
En mi opinión se puede y debe considerar como una enfermedad esta situación… pero debe saberse y aceptarse el mecanismo.
Las enfermedades autoinmunes y la alergia responden a este criterio de enfermedad. No hay amenaza pero el sistema inmune activa programas defensivos preventivos: inflamación y muerte celular. En ocasiones con resultado de muerte. Siempre generando síntomas, sufrimiento e invalidez. Nadie discute la consideración de enfermedad. NO había peligro y el organismo ha actuado como si lo hubiera. No había enfermedad pero el organismo ha impuesto el estado de sufrimiento e invalidez que conlleva actuar “como si” hubiera peligro.
Como tantas veces he escrito, reclamo para este grupo de enfermedades debatidas (migraña, fibromialgia, dolor crónico…) la misma consideración que tienen las parientes en el sistema inmune. Las neuronas son células, similares a las responsables de los errores del sistema inmune. Las neuronas deben decidir y, como sus parientes inmunes, a veces se equivocan y generan sufrimiento e invalidez innecesarios, es decir, enfermedad (OMS).
Sería importante diferenciar la enfermedad como estado de alteración primaria del organismo (con o sin sensación de enfermedad) de la enfermedad como consecuencia de la activación de programas contra la enfermedad.
Podemos llamar a las dos situaciones enfermedad pero haríamos bien en separarlas de modo inequívoco.
Los padecientes quieren, con razón, saberse y ser reconocidos como enfermos pero se muestran remisos y recelosos a aceptar que su enfermedad es consecuencia de un error cerebral: evaluar enfermedad en un organismo razonablemente sano. Tienden a pensar que todo se explica porque la Medicina aún no lo sabe todo y que alguna vez se desvelará el misterio cuando se descubra algo que lo aclare y abra la puerta a la solución. Sucedió lo mismo con las enfermedades infecciosas y los antibióticos.
Los estados de enfermedad sin enfermedad dan pistas objetivas. De cuando en cuando aparecen noticias que proclaman haber dado con la clave del misterio de las supuestas “no enfermedades”. La corteza cerebral está algo atrofiada, la sustancia P elevada, hay polimorfismos genéticos, potenciales ectópicos aumentados en las fibras C, shunts arteriovenosos, fallo de la modulación inhibitoria descendente y un etcétera que seguirá conteniendo cada vezmás datos que confirman:
– el organismo está enfermo
o bien
– los programas de alerta por enfermedad están activados
Para el padeciente todo esto le aburre y desespera.
– Yo sólo quiero que me respeten y me ayuden
Tienen razón.
El ciudadano tiene derecho a recibir toda la información y atención disponibles.
¿Realmente recibe toda la información y atención disponibles?
¿Existe la información sobre los errores del cerebro?
No. Hay un derecho conculcado por los profesionales y, desgraciadamente, no reclamado por los padecientes:
La condición de enfermedad sin enfermedad. Es un síndrome, un estado (erróneo de alerta), un trastorno, y, si se precisa el mecanismo, una enfermedad. El problema lo crea el propio organismo que activa programas que debieran estar apagados.
¿Cuál es la contribución del padeciente?
Negar o aceptar la condición de organismo enfermo.
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