Un nuevo marco
A los pacientes de los cursos les prevenimos. No prometemos lo que no está en nuestras manos: dar una fórmula mágica para eliminar el dolor. El curso no es una terapia. No podemos imponer con fármacos, dietas, agujas o meditaciones la analgesia. No se trata de combatir el dolor sino las decisiones cerebrales que lo proyectan a la conciencia.
Lo que les ofrecemos es un nuevo marco de referencia, la posibilidad de comprender lo que sucede, cómo se ha llegado a esa situación y cómo podrían cambiar las cosas.
El dolor es el resultado de una gestión cerebral alarmista que surge de un aprendizaje que lo favorece. Nada en la conectividad es inmutable. Todo está abierto al cambio y existe la posibilidad de que el individuo, consciente y/o inconscientemente, pueda influir en las decisiones de la red ya que el ámbito consciente forma parte importante de esa red.
Tampoco decimos qué se debe hacer. Cada padeciente debe decidir por sí mismo.
La propuesta del nuevo marco incluye la desactivación del marco vigente. Hay que poner en evidencia la falacia de lo que se cree, de lo que se espera, de lo que se teme.
Hay que desacreditar la idea de unos tejidos patológicos, hipersensibles, que generan dolor sin más motivo que el de ser así, hipersensibles: al chocolate, al queso curado, a los cambios meteorológicos, hormonales, laborales o a cualquier otra variable cotidiana.
Hay que desacreditar la idea de que hay una genética migrañosa que decide por encima de otras dinámicas y factores.
Hay que desacreditar la idea de que toda actividad es estresante y que la vida sana es una vida relajada.
Hay que desacreditar la ilusión de que existen terapias que neutralizan, corrigen, limpian o templan el organismo.
Hay que desacreditar las fuentes de información a las que damos crédito.
Hay que desacreditar a “los expertos”.
Una vez hemos cumplido con la labor de desacreditar lo que debe perder nuestra credibilidad debemos conseguir el crédito a lo que proponemos: el nuevo marco de conceptos que explican el origen del dolor.
El nuevo marco no es otro que el de la Biología, lo que pueden y no pueden hacer las células, el proceso de aprendizaje, el sentido de las decisiones defensivas, la importancia de la cultura y un largo etcétera.
No es posible cambiar el marco de toma de decisión cerebral si no eliminamos los viejos automatismos de los circuitos. Necesitamos nueva materia conceptual, viajar a otra cultura, innovar. Ver el dolor como una consecuencia lógica de un cuerpo de creencias erróneo. No debemos seguir creyendo que una terapia puede disolver creencias. Cualquier acción “terapéutica” puede eliminar el dolor si moviliza expectativas. Cualquier acción “terapéutica” contiene la posibilidad del efecto placebo.
– Me da lo mismo si lo que me quita el dolor es un placebo.
Los placebos no son inofensivos. Puede que quiten el dolor pero refuerzan los errores del marco en el que aparentan eficacia. El placebo potencia el nocebo, el engaño, la vulnerabilidad, la intolerancia, la dependencia de acciones externas, “terapéuticas”.
Desde el nuevo marco cada padeciente intenta actuar de modo distinto ante los amagos de dolor. Cuesta quitar el miedo, superar las inercias. El dolor impone y descompone, pero el dolor no está ahí porque sí sino como consecuencia de unos circuitos que siguen generando la alarma porque así se han forjado en el aprendizaje.
El nuevo marco permite desaprender aprendiendo.
– No me da una solución
– No. Ofrecemos algo mejor: un nuevo marco
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