¿Usted qué cree?
– Yo no creo nada. Me duele.
El cerebro es un órgano narrativo. Construye historias, hipótesis. Atribuye a la realidad externa e interna una probabilidad de significados. El cerebro elabora creencias, expectativas.
El cerebro, además, tiene emociones. Por ejemplo, miedos.
– ¿Qué cree que puede estar pasando en la cabeza cuando duele? ¿Por qué cree que se ha activado el dolor?
– Insisto. Yo no creo nada. El dolor viene sólo.
El ciudadano no piensa en el cerebro como un órgano fantaseador, constructor de hipótesis y temores. Tampoco es consciente de que con lo vivido cada día el cerebro teje y desteje los miedos y las probabilidades.
En los cursos explicamos esta función fantaseadora cerebral y tratamos de introducir información que sirva para hacer más razonables las hipótesis cerebrales. La Pedagogía pretende guiar el sueño cerebral.
– No necesito pedagogías sino soluciones.
Siempre hay pedagogía. La vida es un proceso de aprendizaje continuado, influido, consciente e inconscientemente, por la experiencia propia y ajena y por lo que nos enseñan los instructores, los que (teóricamente) saben.
No se trata de si hacemos o no pedagogía sino si los contenidos que el cerebro utiliza como materia prima de sus hipótesis son adecuados o no.
– Puede que lo que su cerebro cree no sea correcto. Podemos ayudarle a racionalizar los programas.
La conectividad cerebral no es fija. Está cambiando constantemente, a veces para llegar a las mismas conclusiones. Todo cambia aun cuando no lo parezca. Si no cambian las convicciones, el cerebro anula y rehace las mismas conexiones. Si el cerebro recibe nuevo material, conceptos que contradicen lo que se da por cierto, puede que aparezca una nueva conectividad.
– ¿Podemos reprogramar el cerebro? ¿Cómo?
El cerebro se programa, desprograma y reprograma él solito, según sus propios criterios, objetivos y valores. No podemos marcarle unas pautas. No sabemos cómo modificar las convicciones. Sólo podemos acceder a los conceptos, argumentarlos y dejar que formen parte del proceso de actualización, inclinando la balanza a favor de la racionalidad.
– ¿Con la pedagogía se consigue reprogramar, desactivar los errores?
– Nos limitamos a facilitar conocimiento. Puede bastar para generar el cambio, siempre que usted colabore cambiando su conducta frente al dolor y modifique sus creencias.
Dice Llinás que el cerebro sueña la realidad, a veces con sentido común y a veces sin él. El miedo quita sentido común. Aparecen las pesadillas, escenarios posibles pero improbables. El dolor es la expresión consciente del sueño cerebral animado por el miedo al daño, a la destrucción violenta de los tejidos.
– Si duele podemos estar seguros de que el cerebro sueña daño inminente. Necesitamos la pedagogía para desactivar el terror cerebral.
Las teorías oficiales alimentan el terror cerebral, la angustia.
Muchos pacientes refuerzan sin saberlo ese mismo terror.
La convicción de enfermedad misteriosa, resistente a los tratamientos habituales, consolida el infierno.
– Creo en una enfermedad que los médicos desconocen y que no responde a sus terapias.
– Creo que cuando se descubra el origen puede que aparezca algún tratamiento eficaz.
– No creo que el dolor tenga nada que ver con lo que mi cerebro crea. Todo eso que me cuenta es muy raro e increíble.
En un estudio reciente la administración de un triptan (rizatriptan) para una crisis de migraña era igual de eficaz que el placebo si se le decía al paciente que lo que recibía era un placebo al darle el rizatriptán o se le decía que recibía rizatriptan cuando lo que se le daba era un placebo:
Placebo creido como rizatriptan es igual a rizatriptan creido como placebo. La creencia impone su influencia.
La pedagogía sólo opera sobre las creencias.
– Cambiemos sus creencias. Puede que cambien sus crisis de migraña.
– No me lo creo.
– Eso es lo que usted cree.
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