Con los fisios en Bilbao
De cuando en cuando me invitan a dar alguna charleta o un curso. A veces la invitación procede de Asociaciones de pacientes; otras de Centros de atención primaria; rara vez del colectivo de Neurólogos o psicólogos. Mayoritariamente la invitación proviene de los fisios.
Esta semana he estado en Bilbao. El Colegio de Fisioterapeutas de Euzkadi organizó un Congreso internacional y varios cursos complementarios. Me correspondió una ponencia, un taller y un curso. En los intermedios, cañas, gin-tonics, pinchos o comida formal, es decir, brainstorming, trabajo, en definitiva.
Con los fisios se me cargan las pilas y encuentro sentido a mi dedicación profesional al universo del dolor. Sin los fisios, probablemente andaría mustio y decepcionado, harto de predicar en el desierto.
Se piensa que los fisios son profesionales expertos en detectar el mundo subcutáneo y corregir sus desviaciones, deshaciendo supuestos nudos y contracturas musculares y recolocando articulaciones supuestamente subluxadas. Su experticia ampara el universo del movimiento, el del aparato locomotor. Estarían especialmente habilitados para disolver el dolor musculoesquelético, a base de proponer posturas correctas y musculaciones a la vez que quitan los óxidos y telarañas del movimiento con sus aplicaciones manuales. Puede que todo ello sea verdad y que sus manos contengan la capacidad de identificar y aliviar los problemas. No soy quien para opinar.
Sin embargo…
Los fisios (que yo conozco) andan interesados en lo que se cuece en las oficinas del cerebro. Han aceptado que el dolor no es cosa de tejidos sino de circuitos cerebrales. Andan en la labor de pensar en neuronas, además de en músculos y articulaciones y proclaman que el modelo que les mola y guía es el Biopsicosocial.
El caso es que en las presentaciones, antes o después, al principio o al final, de modo fundamental o complementario, con más o menos énfasis y/o convicción, aparece siempre referido el cerebro.
Hay, como en las bebidas, con y sin. Hay Fisioterapia con y sin cerebro, al igual que hay Fisioterapia con y sin aplicaciones manuales.
La capacidad de la Fisioterapia actual desborda el cauce del arte de la manualidad casi mágica y trata de buscar nuevos cursos por los que fluir. Ya no es aceptable una teoría ni práctica que no considere la actividad neuronal, la presencia inevitable de la función evaluativa cerebral en todos y cada uno de nuestros movimientos, percepciones, pensamientos y emociones.
Con cerebro quiere decir que la función evaluativa cerebral del paciente está presente en la evaluación que el fisio realiza a la hora de afrontar el encuentro clínico.
Sin cerebro quiere decir que el fisio sigue fiel a unos paradigmas que limitan su acción a la relación manual con los tejidos.
Puede que haya fisios que desconsideren, por temor o por simple inercia, la invitación a “encerebrar” el pensamiento clínico. Le hacen ascos porque ven en ello la labor de los psicólogos y ellos no los son ni quieren serlo.
Hablé con muchos fisios en Bilbao. Creo que son fisios con cerebro. En el peor de los casos quieren serlo y se aplican a la faena. Están en ello. No es fácil, por muchos motivos que alimentan la incertidumbre de conseguir eficacia y proteger, a la vez, el garbanzo de cada día.
Otra vez, me he encontrado con los fisios. Otra vez he cargado las pilas. Otra vez me ratifico en la convicción de que los nuevos paradigmas del dolor tienen un colectivo que les acoja y cultive: los fisios.
Quizás se ha retrasado un poco pero, finalmente, he estado con los fisios vascos y he comprobado que van por la línea con.
De jueves a sábado estaré en el Hospital Universitario de Fuenlabrada. Curso de dolor y movimiento. Otra vez a disfrutar del encuentro con esa nueva Fisioterapia emocionada con la profesión.
Si volviera a nacer lo tengo claro. Sería fisio… con cerebro
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