Síndrome del cerebro inquieto
El día 23 se celebra el Día mundial del síndrome de piernas inquietas: uno de los muchos síndromes que hacen sufrir sin que haya, necesariamente, una enfermedad que lo explique y justifique.
Mañana participo en Madrid en la reunión que organiza la Asociación española de pacientes. Intentaré explicar mi visión del problema.
Realmente las piernas no sienten inquietud. Los sentimientos son cosa del cerebro. El sentimiento de inquietud expresa preocupación, relevancia, incertidumbre, temor y propuesta de hacer algo. El cerebro es un órgano que evalúa y propone. Su forma de hacerlo es generando y proyectando sentimientos en el individuo que le incitan a la conducta que el cerebro desearía.
La inquietud cerebral se expresa en la conciencia como “ganas de”.
Las ganas del cerebro no tienen por qué coincidir con las ganas del individuo. El cerebro no es un mayordomo a nuestro servicio. Tiene sus razones, sus miedos, sus memorias, sus predicciones, sus valores. El individuo tiene los suyos, a veces contrarios.
Cuando llega la hora de irse a dormir, el individuo tiene ganas de dormir, es decir, le gustaría quedarse dormido. Se mete a la cama y espera que el cuerpo vaya perdiendo presencia para dejar paso al sueño. Lógicamente, en ese contexto, las piernas deben sentirse tranquilas, sin ánimo de moverse, una vez encontrada la postura.
En el denominado Síndrome de las piernas inquietas el cerebro genera un sentimiento de desasosiego, una percatación molesta, dolorosa, una incitación al movimiento, llegando incluso a conseguir que el individuo para librarse del acoso, se levante y mueva las piernas. Si lo hace, las molestias desaparecen para reaparecer ante un nuevo intento de dormir.
El cerebro contraviene el deseo del individuo.
– Quiero dormir
– No te quedes dormido. Camina
Al desencuentro entre cerebro e individuo le han buscado causas moleculares: la dopamina, el hierro, el glutamato. Las terapias, por supuesto, también moleculares.
La única certeza es la del sufrimiento. Lo demás son conjeturas.
A veces los nervios (cables) de las piernas están enfermos (polineuropatía) y facilitan una sensación a flor de piel molesta sobre la que se superpone la invitación al movimiento.
Generalmente los tejidos de las piernas, “la circulación”, los nervios, músculos y demás, son normales. El organismo está razonablmente sano, el lugar de reposo nocturno es seguro y el cerebro debiera proceder a apagar la conciencia, el yo sintiente, para dedicarse a procesar la información reciente con el individuo anestesiado, dormido.
No es así. Sucede lo contrario. El cerebro mantiene la alerta, justamente porque el individuo desea dormirse.
El Síndrome de piernas inquietas es un estado de alerta disfuncional, inoportuno, fuera de lugar y momento. Es una decisión cerebral errónea, contraria a lo razonable.
Para profesionales y pacientes si hay síndrome hay, necesariamente, patología, es decir, moléculas en exceso o defecto. No se contempla el error en la toma de decisión como causa. Suena etéreo, psicológico, inútil.
Existen infinidad de síndromes de inquietud motora que sólo se resuelven haciendo lo que el cerebro solicita. Cuando pedimos un café estamos actuando para calmar la inquietud cerebral de ejecutar la acción de tomarlo.
– Necesito tomar un café
La botellita de agua con el gesto periódico del sorbito absurdo. Encender un cigarrillo…
El cerebro contiene infinidad de programas motores aprendidos. Cada uno de ellos tiene una carga variable de motivación-adicción. Cada programa tiene un escenario, un contexto que los justifica. Algunos programas no tienen sentido: encender un cigarrillo para aspirar tóxicos es una propuesta insensata. Obedecer es de idiotas. Fumar es una idiotez. Comprensible sólo desde la facilidad con la que el cerebro humano adquiere hábitos sociales irracionales.
Mover las piernas tiene sentido cuando uno camina hacia un objetivo. En la cama mover las piernas es un contrasentido.
La gestión cerebral de la inquietud tiene riesgos. La probabilidad de error es alta.
¿Qué podemos hacer cuando el cerebro nos perturba con sus inquietudes?
No lo sé. Está más claro lo que no debemos hacer: alimentar la inquietud. Etiquetar el problema como una enfermedad. Echar la culpa al glutamato talámico.
Recuerdo vagamente alguna época de piernas inquietas. Creo que coincidió con los años de dolor lumbar. La inquietud motora nocturna se esfumó sin hacer nada especial.
Hace unos quince años se esfumó el síndrome de las manos inquietas. Dejé de encender cigarrillos para calmar el desasosiego manual. Me libré de una parcela de idiotez.
La pulsión motora está por todas partes: ojos, manos, piernas…
El cerebro propone y predispone. El individuo accede o hace el corte de mangas.
La convivencia con el cerebro no es fácil. Ninguna convivencia lo es.
No creo que los conflictos de convivencia se resuelvan con fármacos…
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