Descerebrador
Hipócrates y Platón ubicaron acertadamente en el cerebro el origen de cuanto pensamos, sentimos y hacemos. Aristóteles sostuvo, sin embargo, que todo salía del corazón y que el cerebro no era sino un lugar secundario en el que se enfriaban los excesos de la actividad cardíaca.
Seguimos siendo aristotélicos. Prima el corazón. El cerebro es un órgano frío, racional, sin corazón.
El día mundial contra la migraña tuvo los cacareos mediáticos habituales. Lo dicho puede guardarse para el año que viene y ser re-proclamado con algún retoque de propuestas comerciales novedosas.
El Día fué descorazonador, desde la visión aristotélica y descerebrador, desde la hipocrática.
A la migraña le falta cerebro. Sobran genes, hormonas, estrés, alimentos y desencadenantes. Sobran artilugios informáticos que aportan precisión en los registros de las crisis. Sobra el dogma del origen misterioso y la ausencia de cura. Sobra el consejo de la aceptación resignada. Sobra el label de enfermedad.
¿Para cuándo la presentación en sociedad del papel del cerebro en todo cuanto se refiere al dolor?
“Los hombres deberían saber que del cerebro y nada más que del cerebro vienen las alegrías, el placer, la risa, el ocio, las penas, el dolor, el abatimiento y las lamentaciones.”
Ahí sigue la propuesta hipocrática esperando que la comunidad de profesionales varios la considere.
Y ¿qué decir de la información?
Al parecer y sentir de los proclamantes, falta información. La monserga de los genes, hormonas y demás no es conocida por la ciudadanía. Hay que divulgarla con más ardor.
En los cursos de San Martín preguntamos a los alumnos por sus ideas sobre la migraña. Todos hablan de lo ya sabido: inflamación, arterias dilatadas, genes, estrés… etc. La mayoría ha visitado al neurólogo y utiliza ibuprofeno y triptanes. No hay analfabetismo de la propuesta oficial.
Nadie cita al cerebro.
– Pienso que el dolor es la consecuencia de una valoración de amenaza por parte del cerebro…
!Ja¡ No ha sucedido nunca ni creo que suceda en mucho tiempo. Sin embargo esa propuesta constituye el ABC de la neurobiología del dolor.
En el día mundial descerebrador se ha puesto el acento en lo mucho que hace sufrir la migraña, en lo que invalida y en la escasa comprensión y soporte que la Sociedad presta al drama. Se ha dejado que hable el corazón.
El corazón no es mas que una bomba de riego. No pinta nada en el asunto. Tampoco pintan nada las arterias. Simples conductos por los que se conduce la sangre bombeada.
El trigémino es un simple cable con sensores de peligro. Se activan cuando sucede algo dañino o cuando el cerebro teme que suceda.
Las hormonas no son sino mensajeros. Como tales, suben y bajan, “sufren” cambios.
El estrés es la sal de la vida. Simplemente indica que la sentimos y nos genera afectos. Otra cosa son los malos rollos, el distrés. Hace que el organismo active las alertas y esté en un ¡ay! continuo temiendo lo peor, de modo insensato.
El Día ha reactivado el alarmismo, la sensibilización. Ha fortalecido la convicción de enfermedad y ha ignorado, una vez más, cuestiones simples y sustanciales del dolor. Cuestiones del trabajo cerebral.
No es irrelevante para los migrañosos lo que se dice de su proceso. Los responsables de informar debieran informarse sobre los riesgos de generar efectos contrarios a los que pretenden.
Un año más, el Día Mundial contra la migraña ha ignorado el cerebro. Un año más, se ha potenciado la intolerancia cerebral a lo cotidiano.
Descerebrador… Descorazonador…
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