El derecho a la percepción de salud... estando sano
No existen derechos perceptivos.
No podemos exigir el derecho a sentirnos enfermos cuando lo estamos ni a encontrarnos bien cuando estamos razonablemente sanos.
Hay infartos de miocardio asintomáticos
– Ha tenido usted un infarto.
– No me he enterado. Tengo derecho a que me duela el pecho si sufro un infarto… Déme algo para tener dolor…
Hay dolores en el pecho en ausencia de problemas.
– Me duele mucho el pecho
– No tiene usted nada.
– Me alegro, pero me duele. Déme algo para el dolor. Tengo derecho a que no me duela.
No existe el derecho a no tener dolor ni a tenerlo. Sólo nos asiste el dereho a que el profesional aplique todo el conocimiento disponible para que no haya dolor si no hay enfermedad y para que quien tenga procesos indoloros establezca una estrategia de vigilancia alternativa.
Padecemos una pandemia creciente de dolor en ausencia de enfermedad. Algunos consideran que esa situación es, en sí, una enfermedad. Otros sostienen que se trata de una «no enfermedad».
– Tiene usted una «no enfermedad». Está razonablemente sano. No tendría que dolerle.
Hay quien, ante la ausencia-negación de enfermedad, niegan la realidad del dolor.
– Está todo bien. No me creo que pueda dolerle tanto como usted dice.
Desde la perspectiva de este blog, defendemos la hipótesis del error evaluativo. En ocasiones se activan en la red neuronal programas de alerta por valoración probabilística errónea de enfermedad y , lógicamente, aparece en la conciencia el componente perceptivo de dichos programas.
– Está usted sano pero están activadas las alertas por enfermedad. Habría que desactivarlas. No podemos apagarlas a nuestra voluntad pero podemos influir en las decisiones de la red aportando garantías de salud, información que permita al sistema detectar y corregir el error. Tiene usted el derecho a disponer de esa información.
– No comprendo lo que me propone. ¿Por qué no me quita el dolor y listo?
– No está en mi mano hacerlo y los intentos pueden ser contraproducentes.
No todos los ciudadanos aceptan la propuesta pedagógico-informativa. Si nos tomamos el tiempo necesario para explicarla, en mi opinión un alto porcentaje lo comprende y hace el esfuerzo de escuchar y modificar sus expectativas. otros renuncian al derecho a una información seria y prefieren una etiqueta diagnóstica y un remedio.
– Tengo fibromialgia. Es una enfermedad. Ya lo decía YO que acabarían encontrándome la enfermedad. Estoy contenta.
La convicción de enfermedad aporta un alivio engañoso. Se cierra la vía de la resolución del error y se potencia la vía a las dependencias y adicciones terapéuticas. Sólo queda conseguir una conducta digna de enfermedad, ante uno mismo y los demás.
Hoy retomamos los grupos de migraña en San Martín. La migraña es una «no enfermedad». Los neurólogos no están de acuerdo: sostienen que es una enfermedad cerebral, genética. Lógicamente, padecen, desde esa convicción, la incidencia más alta de migraña en la población. Lo saben, pero no analizan el porqué. Despachan la singularidad estadística con hipótesis no contrastadas, es decir, excusas.
Los padecientes de San Martín tienen derecho a la información. No podemos atender un supuesto derecho a no percibir dolor. Los sentimientos no tienen derechos que los regulen. Nos esforzaremos en mostrarles la realidad incontestable del trabajo neuronal, su dependencia del aprendizaje, de la cultura, de la instrucción, del miedo biológico.
Están sanos. Tienen derecho a saber por qué tienen dolor.
Eso es todo.
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