El dolor como alucinación de daño
Estamos instalados en la idea de que el cerebro es un órgano que responde a los estímulos. Si no hay estímulos, no hay respuestas. Sólo un ronroneo de fondo que identificamos con el YO pensante, vaporoso, mental, inmaterial, imaginativo.
Si duele es que hay un estímulo doloroso que llega al cerebro y lo activa. El dolor genera pensamiento, reflexión pero no al contrario. Pensar es indoloro.
No es así.
El cerebro es un órgano rumiante que procesa siempre sus archivos, los actualiza, reconsidera. Cada estímulo deja una huella en los circuitos y esa huella entra a formar parte del proceso reverberante del pensamiento.
El cerebro imagina, anticipa la realidad y lo hace reactivando levemente la conectividad que generaría la propia realidad. Habitualmente esos contenidos imaginados son identificados como tales y se limitan a generar el ronroneo pero en ocasiones adquieren la potencia de activación necesaria y suficiente para aflorar a la conciencia como percepciones sin que en ese momento haya estímulos, señales sensoriales.
La proyeccion de una percepcion sin estímulos reales es una alucinación, algo que el cerebro hace continuamente para solucionar las deficiencias de la información sensorial.
Para el individuo la percepcion alucinatoria tiene la misma apariencia de realidad que la que proviene de una estimulación sensorial. Una persona en la alucinacion es, perceptivamente, igual a una persona real.
Un dolor generado en el proceso imaginativo es tan dolor como el generado por un tren de señales de daño actual.
En la alucinación hay un desequilibrio entre los contenidos imaginados y la informacion sensorial. Si la alimentacion sensorial falla se facilita el proceso alucinatorio. Puede haber alucinaciones visuales por escasa vision y auditivas por escasa audicion. La deprivacion sensorial exige un mayor esfuerzo imaginativo.
En condiciones de sensorialidad normal la imaginacion puede desbordar la contencion sensorial y generar percepcion, por ejemplo, dolor.
Lo que contiene e impide la alucinación es un proceso imaginativo razonable, con sentido común. Lo que facilita la percepcion alucinatoria es justo lo contrario: una imaginacion alimentada por creencias y expectativas desviadas hacia universos alejados de la realidad, en cada momento, lugar y circunstancia.
El cerebro migrañoso es un cerebro que concede a la posibilidad imaginada de daño más atención, más probabilidad, de la que le corresponde.
El cerebro del dolor crónico es un cerebro que imagina sobre la base de unos tejidos frágiles, vulnerables y unas acciones del individuo peligrosas.
Saber que una alucinación es una alucinación es fundamental. Pensar que lo alucinado responde necesariamente a una estimulacion sensorial que lo alimenta genera una estructura circular de pescadilla que se muerde la cola.
Dicen los expertos que para que duela la cabeza tiene que haber algo que genere “señales de dolor” en el trigémino. Puede que el cerebro sea el causante inicial pero sólo aparece dolor si la actividad de los “generadores cerebrales” dispara las terminales sensoriales. Sólo entonces habrá dolor.
El dolor sería no una alucinación sino una consecuencia de una activación patológica de señales. El cerebro enciende la condición migrañosa. Esa misteriosa condición sensibiliza las terminales trigéminovasculares. Las terminales liberan trenes de “señales de dolor” y aparece el dolor en la conciencia.
Se sigue sin aceptar la posibilidad de la generación de dolor, en ausencia de señales. Se sigue negando la condición alucinatoria de algunos dolores.
Este lunes iniciamos el trabajo pedagógico con grupos de migraña en el Centro de Atención Primaria de San Martín, esta vez dentro de un programa de investigación aleatorizado.
Con la Pedagogía se intenta restablecer el equilibrio entre imaginación y sensorialidad. Para ello hay que disolver el miedo alimentado por dinámicas biológicas ancestrales y una cultura que sigue instruyendo al ciudadano en un modo que dinamiza la prepotencia de la imaginación.
La migraña es una locura de dolor. El dolor es alucinante…
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