Nuestro primer Curso
Los días 24 y 25 hemos celebrado nuestro primer curso de “Dolor y movimiento”, con la colaboracion de los fisios Asier Merino y Maite Goikoetxea y la paciente experta y veterana colaboradora del blog, Cristina Arenaz. Dieciseis horas de encierro voluntario con ocho fisios y un paciente, unidos por la pasión por el conocimiento, desde la perspectiva de los nuevos paradigmas vertidos desde la Neurociencia y buscando siempre el anclaje en la biología, en sus procesos básicos, en el respeto y asombro del trabajo del organismo en la salud y la enfermedad.
La vida es un complejo estado de autoorganización de la materia que permite su replicación a través de la información guardada en el ADN y en el modo cómo esa información se expresa respecto a las solicitudes del mundo extranuclear.
Los sistemas de defensa activos, es decir, el sistema neuroinmune, han evolucionado adquiriendo la capacidad de detectar agentes y estados de peligrosidad potencial o de daño celular consumado. Esas señales dan lugar a respuestas locales y generales, meticulosamente orquestadas que protegen, regeneran y remodelan los tejidos dañados. El dolor es la expresión a la consciencia de la reacción defensiva para implicar así al individuo, a través del movimiento y la quietud, presionándole a colaborar en la restitución de la normalidad estructural y funcional.
Los patrones motores se adaptan a las situaciones o expectativas de daño aflorando así modos de moverse costosos y nocivos, necesarios en el proceso de restitución pero improductivos y mortificadores si no hay daño actual.
El organismo teme el daño y exige certezas de seguridad. Resuelve la incertidumbre apostando muchas veces por la peor opción, curándose en salud y lo hace activando las alarmas ante señales de todo tipo a las que atribuye un poder informativo.
La cultura facilita un amplio, variopinto y poco fiable muestrario de señales de alerta, una imposible y contradictoria marabunta de consejos y remedios que vuelven tarumba a los gestores centrales neuroinmunes.
En el curso pretendemos poner orden conceptual en los procesos básicos de la muerte celular, la reposición de tejidos, la nocicepción, las capas evolutivas de procesamiento de las señales de daño, los sistemas de memoria predictiva, los patrones motores básicos, su integración, la contaminación del movimiento por el miedo, la integración en un código común de la percepción, cognición, emoción y acción., en el carácter circular, bidireccional de todos los circuitos.
Probablemente todo ello complica el quehacer profesional del fisio, en un primer momento. Aquí no hay métodos ni técnicas. Sólo una red de conceptos que sirve como soporte en la toma de decisiones. No decimos cómo actuar. Eso se deduce fácilmente de lo que se expone.
Maite y Asier, con la colaboración del paciente, como “hombro-objeto”, hicieron una demostración de cómo interactuar con ese “hombre-hombro”, que no es sino un lugar del organismo, un lugar con una narrativa iniciada hace unos años con un estiramiento brusco que dio pie al insufrible peregrinaje diagnóstico y terapéutico. En ese hombro hay algo más que tendones, cartílagos y músculos. Hay una evaluación sobre su estado y vulnerabilidad, unos patrones defensivos automatizados, una alerta más o menos consciente. Las manos y la voz del fisio pueden ayudar a visualizar todo ese mundo para ir eliminando la costra que impide la acción libre y confiada.
No soy, por mi parcialidad, el más indicado para juzgar el curso. Para mi fue gratificante comprobar cómo se desarrolla, sin prisa y sin grandes ruidos pero sin pausa y con fundamentos biológicos renovados, esta nueva fisioterapia que necesitamos para poner un poco de frescura en el embarullado y sórdido mundo del dolor crónico.
Espero que podamos ofrecer más ediciones y que vayamos acertando a construir esquemas conceptuales cada vez más accesibles y potentes.
Gracias a todos los participantes por la experiencia disfrutada.
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