Sectas
En las reuniones con los grupos de padecientes de migraña nos interesamos por conocer la reacción de sus familiares y amigos ante la experiencia pedagógica.
Confiesan mayoritariamente que tienen dificultades para explicar los contenidos y que el malentendido aparece.
– ¿O sea que es psicológico? ¿Piensas que no te duele y te deja de doler?
El desconocimiento absoluto que existe sobre la trama neurobiológica básica del dolor, tanto entre ciudadanos como entre profesionales, facilita la tergiversación del relato.
Sostener que el dolor surge del cerebro como consecuencia de un proceso evaluativo en el que influyen la experiencia, la cultura, las expectativas y creencias, el aprendizaje, en definitiva, no es sino exponer el ABC de la Neurofisiología moderna del dolor.
Sostener que el dolor se origina en los “receptores del dolor” de los tejidos de la zona doliente debiera sonrojar a quien lo defiende, pero es algo que se proclama habitualmente por acreditados líderes de opinión de la “comunidad científica internacional”.
La Pedagogía del dolor se limita a exponer la estructura básica de la conectividad neuronal responsable del sentimiento doloroso, su dependencia de una serie de factores. Hablamos de neuronas y circuitos, del sentido evolutivo del dolor, es decir, de Biología y sólo Biología.
– ¿No te habrás metido en una secta?
Es un comentario frecuente. Sorprendente. Desesperante.
La visión genético-farmacológica de la migraña se autoinviste de rigor científico, del máximo disponible en el momento actual, del único que puede ostentar el label de la aprobación de organismos y colectivos profesionales.
En las revisiones, después de felicitarse de lo mucho que se ha avanzado en la cuestión, se expone toda la gama de recursos disponibles para cerrar luego el estudio con un pequeño apartado de “otras alternativas” en el que cabe de todo… menos la Pedagogía.
Al cerebro, (que, ya se sabe, “no duele”), se le imputan retoques emocionales, psicológicos (depresión, ansiedad), que pueden obstruir la buena acción de los fármacos pero nunca la responsabilidad central de la génesis y desarrollo del dolor.
Citar al cerebro en el dolor es soltar la bicha de lo esotérico, de los conjuros y ceremonias ocultistas.
Explicar que con unas clases la migraña se ha debilitado considerablemente y que el consumo de fármacos se ha desplomado no puede tener otra explicación que la magia oculta, el ritual de una secta que invoca poderes no naturales.
Acaban de aprobar la toxina botulínica para el tratamiento de la migraña crónica. No está claro por qué ni dónde actúa. Cada profesional utiliza el método que le viene en gana. Los resultados son modestos, en el mejor de los casos. El precio, desorbitado. Alguien que utilizaba la toxina para eliminar arrugas cayó en la cuenta de que sus clientes comentaban que además de tener la piel más lisa tenían menos migrañas. Se extendió la aplicación y, aun continuando con el misterio del mecanismo de acción, se obtuvo pronto el beneplácito de los profesionales, urgidos a hacer algo para solucionar el problema.
Desde el marco de la Neurobiología del dolor y del conocimiento de lo que la toxina botulínica puede hacer en la química de la red neuronal, me resulta difícil aceptar que estamos ante una buena solución del problema. Probablemente se ofrezca pan para hoy y hambre para mañana. Puede que estemos engordando el efecto nocebo.
Mañana tenemos el curso de Dolor y movimiento, con unos pocos fisios interesados en conocer la Neurobiología. Les expondremos las bases del dolor y su interacción estrecha con la gestion cerebral del movimiento.
Afortunadamente cada vez hay más fisios concienciados.
La “secta” se extiende, sin prisa pero sin pausa… sin retorno.
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