El dolor y el miedo
He estado esta semana pasada participando como ponente y alumno en el II Congreso Internacional de Terapia Manual y Ortopédica, organizado por la Universidad Europea de Madrid.
Una buena oportunidad para conocer la opinión y el quehacer de cualificados profesionales, nacionales e internacionales.
En mi opinión el Congreso ha sido un éxito de contenidos y asistencia.
El dolor ha sido el protagonista central. En torno al dolor: el miedo, expresado como miedo al sufrimiento, miedo a la invalidez, miedo al daño, miedo al movimiento, miedo a la exclusión social, a la incomprensión, a la pérdida del sentido de la vida, a los efectos secundarios de los fármacos, a la pérdida de control, a la incertidumbre…
Otro protagonista: el cerebro. Pain is in the brain.
El cerebro es el órgano gestor del miedo. Con sus miedos atávicos mueve los hilos de la marioneta del individuo, obligándole desde la percepción dolorosa a huir o quedarse quieto, según se localice el peligro en el exterior o interior.
El miedo es un estado emocional de difícil control. Es un estado inicial que plantea hipótesis de amenaza más o menos ancladas en la realidad o en el imaginario. Los sentidos y la racionalidad nos ayudan a contenerlo cuando la amenaza proviene del mundo externo y es accesible a los sensores y la información está protegida por la evidencia científica y el sentido común. El miedo es libre e incontenible cuando la amenaza anida en el interior, allí donde no llegan nuestros ojos ni nuestras manos para verla y palparla y donde tienen éxito toda suerte de dimes y diretes, amparados en la opacidad de la caja negra del organismo.
El miedo cerebral al daño se hace dolor al traspasar el umbral informativo de la relevancia, de la probabilidad (racional o irracional). El padeciente (receptor de dolor) siente dolor al moverse o cesar el movimiento y busca conductas de evitación de ese dolor pensando ingenuamente que lo analgésico indica y garantiza el acierto. Lo que quita el dolor contiene la apariencia de proteger del daño. Así es cuando hay daño que exige protección pero el alivio se convierte en el animador oculto de la cronificación cuando no lo hay.
Las conductas de evitación de dolor son comprensibles pero son peligrosas.
– Evito las piscinas pues me hundo en el agua y no quiero ahogarme… En todo caso me baño en la de los niños o en el baño de mi casa… con flotador, pues nunca se sabe.
El miedo a lo inofensivo, el miedo erróneo debe combatirse con la antievitación, con conductas de tolerancia progresiva a lo temido.
El miedo cerebral al daño genera dolor, el dolor reproduce (resuena) en el individuo el miedo al daño, el miedo a no controlarlo genera miedo a la angustia por la pérdida de control y la indefensión y el catastrofismo se consolidan.
Los ponentes expusieron con rotundidad la responsabilidad de los miedos y explicaron cómo intentar atajarlos:
educación en Neurofisiología del dolor y exposición gradual al movimiento.
Me resultó especialmente reconfortante la exposición por parte de los psicólogos, absolutamente integrada en la nueva corriente neurocientífica. Con esos mimbres de Fisioterapia y Psicología se pueden tejer los cestos de un afrontamiento esperanzador. Sólo falta que se conceda a la Fisioterapia y a esa Psicología el protagonismo que debiera tener pero le es negado.
No sólo cerebro. También tejidos en apuros. Conocí las nuevas técnicas dinámicas de evaluación por ultrasonidos que permiten acceder a lo que sucede en músculos y fascias cuando nos movemos y el riesgo de atribuirnos poderes mágicos manuales al palpar la profundidad desde la superficie. Afortunadamente aparecen tecnologías capaces de informarnos de lo que sucede allí dentro que desenmascaran la falacia de nuestras apreciaciones (pareidolia).
En definitiva, un Congreso esperanzador, que confirma la presencia en la Universidad de los nuevos tiempos de la Neurociencia del dolor y de la objetivación de lo que sucede en los tejidos y de la voluntad de muchos fisios de asumir los nuevos paradigmas y aplicarlos con honestidad y valor.
Aprendí varias cosas:
– Los expertos de renombre internacional son humanos, accesibles y encantadores. No hacen nada que no estemos haciendo los nacionales.
– Hay psicólogos que participan en este afrontamiento y que trabajan por la integración en profundidad
– La batalla contra el miedo está ahí y acabará ganando el espacio de los medios de comunicación, aún monopolizado por la idea de la vulnerabilidad tisular.
– El número de fisios interesados en la Pedagogía del dolor y movimiento va en aumento.
– Mejora la Tecnología diagnóstica y la fisioterapia dispone de la guía objetiva necesaria para dirigir sus hipótesis e investigaciones.
– Persiste el desencuentro con los profesionales médicos.
Nos despedimos con la voluntad de propiciar encuentros formales e informales, para sumar aciertos y restar sesgos…
La Fisioterapia manual debe contener también una terapia cerebral, perceptiva, cognitiva, emocional y conductual.
La Psicoterapia debe incluir un conocimiento profundo de la Neurobiología del dolor y el movimiento.
Gracias a todos por darme la oportunidad de aprender y por el trato recibido.
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