Divide y perderás. Neurociencia y neuroespecialidades
Las Neurociencias están aportando a quien interese un impresionante caudal de conocimiento. Es tiempo de revisar paradigmas, desaprender y aprender, reconsiderar doctrinas y aplicaciones, etiquetas diagnósticas y terapias.
La red neuronal, su papel en la gestión del organismo, debiera ser competencia de todo profesional implicado en la salud y en la enfermedad. Un conocimiento básico actualizado de sus procesos elementales, fisiológicos y patológicos, debiera figurar en todos los programas educativos. Es una tarea pendiente. Se sigue explicando un modelo anticuado, erróneo, disfuncional, iatrogénico. Instruimos (inconscientemente) a nuestros estudiantes para formar parte del problema.
Evidentemente hay tres colectivos profesionales que debieran estar implicados o incluso protagonizar el cambio de paradigmas: neurólogos, psicólogos y psiquiatras. Todos ellos debieran estar inmersos en una labor de profunda y decidida actualización en neurociencias.
¿Lo están?
En mi opinión, no. Al menos en el tema del dolor.
Los psiquiatras consideran que un padeciente crónico de dolor está deprimido porque tiene dolor y que debe ser el neurólogo o cualquier otro colega “físico” quien debe asumir el compromiso de eliminar el dolor y así la depresión se disolverá. El neurólogo sostendrá que el dolor “físico” viene de la mano de la depresión y que debe atajarse esta primero pues lo físico es sólo apariencia, “somatización”.
Los psicólogos respetan los dictámenes diagnósticos de los colegas “orgánicos” y aceptan responsabilizarse del cuidado psicológico de los padecientes torturados por el dolor, prestando un inestimable servicio pero dejando intacta la conectividad neuronal responsable de la cronificación.
Unos por otros, la casa sin barrer.
¿Y los fisios?
Hay fisios instalados en la creencia del dolor músculoesquelético, en las contracturas, estreses y cargas. Ofrecen sus manos para aliviar el “dolor muscular” y movilizar articulaciones oxidadas y vulnerables. No quieren saber gran cosa del cerebro pues creen que eso es mentar la bicha “psicológica” y ellos no están para enredarse en el oscuro y complejo mundo de la mente. Son prácticos. Colaboran con sus manualidades con los equipos multidisciplinares, con los fármacos de la Unidad del Dolor, las terapias cognitivo-conductuales del psicólogo.
Otros fisios, probablemente minoritarios, son conscientes de que el organismo contiene una tupida red de neuronas que incluye el cerebro y que las neuronas son tan físicas como cualquier otra familia celular. Saben que todo lo que se mueve o está quieto, todo lo que se siente y padece, lo que se piensa, lo que se teme y desea, todo ello pasa por los sistemas de memoria predictiva y evaluativa del cerebro. Han oído hablar de que el dolor es una decisión, un output cerebral y aceptan el reto de actualizarse y adaptar su modus operandi, no sin riesgos, movidos por la pasión por el conocimiento y por una incómoda honestidad.
Lamentablemente estos fisios que buscan la corrección biológica, neuronalizada, son políticamente incorrectos. No hablan de sus teorías y prácticas en la cola de la pescadería ni en la sala de espera de los ambulatorios. De momento no son visibles. Tampoco forman parte de los equipos multidisciplinares. Están ahí, desperdigados, esperando que los padecientes desesperados se pongan en sus manos y en su palabra.
Podríamos hacer a Neurólogos, Psicólogos y Psiquiatras una pregunta fácil:
¿Qué es el dolor?
Por sus respuestas los conoceréis.
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