El despilfarro de recursos alostáticos
Las células necesitan condiciones estrictas físicoquímicas para sobrevivir. Temperatura, concentración de sales, glucosa, oxígeno… no pueden salirse de unos estrechos márgenes. Un sensible mecanismo mantiene los valores de esas variables dentro de sus debidos límites. Si algo sube se activa la respuesta que lo hace bajar y viceversa.
La condición de estabilidad de las variables básicas vitales se denomina homeostasis. Microrespuestas continuas oscilantes para mantener prácticamente constante una variable.
El mantenimiento de unas condiciones ideales no siempre es posible pues la vida presenta situaciones de riesgo o precariedad que exigen respuestas extra, que significan una sobrecarga para el organismo aunque sean necesarias para salvar el pellejo. Lo ideal es que no haya un incendio pero si se produce habrá que utilizar el agua para apagarlo.
La alostasis pone en marcha respuestas extra de afrontamiento ante una situación de estrés. Se liberan hormonas, recursos inmunes, neuronales, con el objeto de recuperar la condición ideal perdida por un evento adverso. A través de la variación de las condiciones ideales, habituales, recuperamos la normalidad. La variación (alostasis) permite recuperar la constancia (homeostasis).
La inflamación es una respuesta alostática, necesaria para la regeneración de tejidos destruidos.
El dolor es una respuesta alostática para proteger una zona lesionada mientras se regenera.
Los recursos alostáticos deben activarse cuando son necesarios y apagarse tan pronto dejen de serlo. Hay que dejar de echar agua cuando ya no hay fuego ni brasas. Hay que apagar la luz cuando salimos de la habitación.
El dolor debe aparecer cuando algo se destruye y repara pero debe desaparecer cuando ha cesado la situación de vulnerabilidad.
Es fundamental la activación inmediata de las respuestas alostáticas. Sería incluso mejor anticiparse: echar agua en una zona que sabemos se va a incendiar. Es buena la anticipación pero no es fácil acertar en las previsiones. Ante la duda podemos optar por el encendido excesivo, aceptar los falsos positivos, huir por si viene el lobo… o despreciar el riesgo y quedarnos quietos por si no viene evitando así los falsos negativos.
Hay organismos que por genética tienden al encendido fácil de recursos de alarma y otros nacen con la condición contraria. El aprendizaje puede invertir la pulsión de los genes.
Una crisis de migraña es una activación alostática de los programas que nos informan y defienden de una amenaza de destrucción en la cabeza. El recurso del dolor, la intolerancia digestiva y sensorial nos obliga a colaborar en la defensa frente a un evento peligroso real y consumado pero nos hace sufrir la incomodidad del programa sin justificación cuando dicho evento se limita a una banalidad alimentaria, hormonal, meteorológica o emocional.
Está justificada la taquicardia para huir del león pero no tiene sentido anticipar el peligro ante cualquier señal y hacer trabajar al corazón continuamente en un régimen de alerta y preparación a la huída cuando visitamos un zoológico.
En la fibromialgia se activa el recurso alostático del programa enfermedad… pero sin que exista tal enfermedad. El encendido del programa genera la percepción de enfermedad y consigue la conducta de enfermedad pero es una activación innecesaria. El recurso alostático debiera permanecer apagado.
Hay programas motores que protegen la columna cuando se produce una lesión aguda. Bloquean la articularidad y restringen el movimiento. Se complementan con el recurso alostático de la inflamación (por tanto, dolor). Una vez curada la lesión, los programas de recursos alostáticos debieran apagarse pero no lo hacen en muchos casos.
La conservación de las constantes internas necesita el encendido de los recursos extra para conseguirlo. El hambre y la sed son recursos alostáticos necesarios para obligar al individuo a buscar alimento y agua cuando corre peligro la condición homeostática. Anticipar irracionalmente el peligro de desnutrición y deshidratación en una sociedad rebosante de supermercados es insensato y peligroso a largo plazo.
Vivimos una época de despilfarro alostático. El organismo evolucionado en entornos de incertidumbre no acaba de cogerle la medida a las condiciones del habitat facilón de las sociedades desarrolladas. Paradójicamente activa con más facilidad los recursos de alarma cuando menos necesarios son por probabilidad.
Al despilfarro alostático se le ponen etiquetas de enfermedad. Se culpa a genes y ambiente y no se audita al gestor de la alostasis, el cerebro, ni al proceso de aprendizaje que dirige esa gestión.
Migraña, fibromialgia, fatiga crónica, colon irritable…
Síndromes de Sensibilización Central…
Estados de gestión irracional de recursos alostáticos
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