Cerebro y mente
Hay una tendencia a considerar que las enfermedades mentales son, en realidad, enfermedades cerebrales. Un cerebro que genera actividad mental y conducta anómala es un cerebro enfermo, trastornado, disfuncional. Genes, neurotransmisores… A nadie le gusta que se metan con su mente.
La mente es, en definitiva, cerebro. Sólo cerebro. Cerebro sano, mente sana. Si la mente aparenta insanidad es que el cerebro no está bien.
Lo más probable es que no hayamos dado aún con la clave de esa enfermedad cerebral pero es cuestión de ignorancia. Tiempo al tiempo. Todo se andará… La depresión, la esquizofrenia… son enfermedades cerebrales.
Si mente es igual a cerebro… ¿podríamos deducir que cerebro es igual a mente?
No. No creo que podamos.
¿Las enfermedades del cerebro son enfermedades mentales..? El Alzheimer, la enfermedad de Parkinson, son enfermedades mentales.. No parece defendible.
Puede que no sea lo mismo una enfermedad en el cerebro que una enfermedad del cerebro. El Alzheimer y el Parkinson, un tumor, una encefalitis… serían enfermedades en el cerebro… La esquizofrenia, el autismo, la depresión, la ansiedad… serían enfermedades del cerebro. Un cerebro sin enfermedad generaría actividad mental enferma.
Las enfermedades en el cerebro serían competencia de la Neurología.
Las enfermedades del cerebro lo serían de la Psiquiatría y/o la Psicología.
¿Qué sucede con los Síndromes de sensibilización central? Es decir: con la migraña, el colon irritable, la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica, el síndrome de sensibilidad química múltiple?
La migraña es una enfermedad cerebral de origen genético, dicen los neurólogos. El cerebro migrañoso es un cerebro enfermo. Sus células se han organizado en una arquitectura, una circuitería enferma, hiperexcitable, hipersensible, a causa de unos genes (no encontrados pero necesariamente existentes) que han determinado que así sea. En ese cerebro habita una enfermedad genética que impone y explica lo que sucede.
– ¿La mente que genera ese cerebro no es normal? ¿La migraña se debe a una actividad mental anómala?
– ¡No, por Dios! Estamos hablando de serotonina, histamina, arterias, trigémino… cosas así. Nada de mentes. En todo caso un poco de estrés, depresión, ansiedad… pero como factores secundarios, desencadenantes. Nada sustancial.
– ¿La fibromialgia es una enfermedad cerebral?
– Por ahí parece que van los tiros. El cerebro de la fibromialgia no es normal. Ya tenemos pruebas de Neuroimagen, además de los datos (marcadores biológicos les llaman ahora) químicos que así lo demuestran… La actividad cerebral no es normal aun cuando no se ha encontrado ninguna enfermedad en ese cerebro a todas luces enfermo…
No parece que los síndromes de sensibilización central (migraña, fibromialgia…) sean equiparables a las “enfermedades mentales” clásicas (esquizofrenia, depresión…). Los psiquiatras aceptan su papel en estas pero no en aquellas. Tampoco los padecientes de migraña y fibromialgia aceptarían su remisión al Psiquiatra, aun cuando suceda con cierta frecuencia…
– ¿Qué es la mente?
– Cerebro, sólo cerebro. Si mente enferma, cerebro enfermo. No hay enfermedades mentales. Todas son enfermedades cerebrales.
– ¿Y el organismo? ¿Y la persona? ¿Y la sociedad? ¿Y la cultura?
Parece razonable sospechar del organismo cuando el cerebro parece que no puede con él. El síndrome de fatiga crónica podría ser una enfermedad autoinmune… Un cerebro sano, una mente sana, que reside en un organismo vigilado y defendido por un sistema inmune equivocado que hace la vida imposible al cuerpo (incluido el cerebro como parte de ese cuerpo mal gestionado). En la migraña son los genes del organismo; en la fibromialgia los músculos, el reuma…
Mente sana en cuerpo sano. Si el cuerpo no chuta, la mente tampoco. La persona se limita a padecer las consecuencias.
– ¿Y no podríamos achacar a la persona la enfermedad? ¿O es su cerebro, su mente?
– ¿La persona? Hay de todo. Padecer migraña o fibromialgia no garantiza ser una persona sana, funcional, pero tampoco lo impide. Hay que centrarse en el cerebro. Nada de mente, ni, por supuesto la persona. Puede que también el organismo…
– ¿La sociedad? Es decir: ¿mental? ¡Ni hablar! En todo caso el medio ambiente, los alimentos, los tóxicos, el estrés, la incomprensión, la incompetencia…
– ¿Cultura dice? No sé a qué se refiere.
Los Síndromes de Sensibilidad Central no tienen tierra propia para habitar. Andan de aquí para allá, de campamento en campamento.
No acabo de comprender los límites, las fronteras. Cerebro, mente, persona, sociedad, cultura…
¿Qué dicen los neurólogos? Nada. Callan. Sólo las migrañas y con algún remilgo. Nada de fibromialgia y menos aún fatiga crónica.
¿Qué opinan los Psiquiatras? Que ellos se ocupan de la mente, es decir, del cerebro, pero no del cuerpo, del organismo. ¿El cerebro es organismo? Ya veré…
¿Y los psicólogos? No tienen más remedio que ocuparse de lo que no se ocupan neurólogos ni psiquiatras. Tratan de mantener a la persona sana en un cerebro-organismo-sociedad o lo que sea, enfermo. Ellos no entran en los orígenes de un organismo enfermo. Se limitan a proteger a la persona que reside en ese organismo
¿Quién se ocupa de la salud cultural, informativa? ¿Qué hacemos con los significados, las creencias, las expectativas? ¿A quién responsabilizamos?
– ¡Al paciente, al paciente! Está claro.
– Ya, ¿pero a su cerebro, a su mente, a su grupo social, a lo que come y respira, a su pobre y maltratado organismo?
Cada uno verá y luchará por ello.
Vivimos el año del conectoma. Se ha puesto mucha pasta para estudiar cómo se conectan las neuronas.
Hay una patología de la conectividad, del aprendizaje, del desarrollo del cerebro, la mente, la persona, su entorno, su cultura.
La red neuronal humana viene al mundo con gran parte de la conectividad pendiente y dependiente de muchos factores. Su cerebro, su mente, su organismo, su entorno, su grupo, su cultura, su persona… no existen. Ni siquiera los genes podrán imponer por sí mismos el futuro.
Los Síndromes de Sensibilidad Central forman parte de la incertidumbre del desarrollo de cada ser humano en sus múltiples entornos. No tenemos nadie la garantía de desarrollarnos saludablemente.
La red neuronal humana aprende con instructores y con refuerzos.
Los profesionales de la mente, del cerebro, del organismo… tienen algo que ver con el proceso de instruir y establecer premios y castigos… El devenir de la conectividad neuronal estará poderosamente influido por lo que ellos crean y/o proclamen.
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