El dolor es cosa de tres.
El hecho de residir en un organismo, objetivo, percatado, que se mueve a golpe de la voluntad de un Yo de apariencia inmaterial que siente y padece las imperfecciones de ese organismo en el que reside, ha generado la intuición de que no somos sino el resultado de la convivencia entre el organismo como hábitat o residencia y el Yo como habitante-residente.
El dolor expresaría necesariamente una patología de la casa (dolor físico) o de quien la habita (dolor psicológico). Pudiera admitirse, quizás, una tercera vía (algo confusa) en la relación entre organismo e individuo. Juzgados por separado ambos parecerían normales pero su interacción produciría desencuentro, conflicto. En todo caso, el esquema respondería siempre a un “ménage a deux”: c_uerpo y mente_ o (si se es más reduccionista) cerebro y mente.
Una visión más extendida del dualismo organismo-individuo incluiría la historia de dicha relación, la huella de lo que ha ido sucediendo y la idea que se ha ido forjando sobre su futuro. Quizás podríamos completar el escenario del teatro de la narración de la vida de cada individuo, con la opinión de los espectadores, de “los otros”, del “qué dirán”.
El modelo bio-psico-social recoge ese dualismo extendido, que contiene la peripecia vital de la relación del Yo (psico) con su organismo (bio) y su exposición a un público que juzga (social).
Los expertos han recogido la estructura dualista y se han esforzado en conocer por separado la patología orgánica o la de la mente. El análisis de los problemas de relación entre individuo y su organismo y de ambos con su entorno social no ha encontrado un cuerpo doctrinal organizado ni un colectivo profesional que se ocupe de esa óptica del conflicto interbiopsicosocial.
El cerebro humano contiene una condición biológica poderosa: su dependencia cultural. Nacemos con una conectividad neuronal cerrada, completa, rígida, pero sólo en una pequeña parte. Esa conectividad la compartimos con otras especies, de arquitectura mucho más sencilla, al igual que compartimos también gran parte de su genoma. Hay un genoma y un conectoma consolidados evolutivamente como el equipamiento necesario para generar y mantener vida (según la peripecia evolutiva de nuestros ancestros comunes). Cada especie deberá completar y especificar la expresión de sus capacidades a través de la interacción con el entorno. El Yo emergerá, misteriosamente, de esa conectividad y comenzará su interacción compleja con el organismo en el que se siente residente, sabiéndose observado y evaluado por tutores, instructores y jueces.
Cuando el individuo siente dolor dirige la mirada a su organismo y solicita la ayuda del profesional físico.
Puede que la inspección profesional detecte la falta orgánica que justifica la penalización del dolor o puede que no haya nada en ese organismo que explique y bendiga el relato del padeciente. El individuo siente algo que su organismo no padece, es un dolor sin daño.
El esquema dualista deriva el problema del dolor sin daño al universo psicológico, al residente. Se indaga en sus traumas, estreses y carencias y si da positivo puede que el caso esté cerrado como explicación. El organismo acoge un Yo problemático. Si ese Yo es buen chico pero habita en una vecindad hostil, el problema se derivará hacia ese vecindario insalubre e insolidario.
El dolor acostumbra a ser considerado desde las tres ópticas pero en rigurosa secuencia: bio, luego psico y, finalmente, social. Enfoque multidisciplinar: primero fármacos; si no resulta: psicólogo cognitivoconductual y si tampoco hay alivio, evaluación del entorno para cerrar el ciclo de estudio.
La cultura tiene en el periplo vital del cerebro humano una importancia fundamental. Si el problema es de un individuo dolorido residente en un organismo razonablemente apto, la responsabilidad de la cultura es aún más determinante. La conectividad responsable del dolor injustificado puede recaer en los contenidos que la cultura segrega en el medio en el que esa conectividad se va a nutrir. Organismo, individuo y entorno pueden ser razonablemente sanos, asumibles. Sin embargo el dolor chirría.
Organismo, individuo… y cultura.
El organismo está bien. Está todo normal. El individuo también parece normal. Puede que sea el entorno. Algo falla. Los profesionales no dan con el quid. Puede que la enfermedad sea esquiva, misteriosa, emergente.
El individuo probablemente abrace la tesis de la incompetencia e insolidaridad profesional y la incomprensión social.
El profesional verá a un individuo demandante, manipulador, fantasioso, hipocondríaco y vago.
El cuidador social ayudará al padeciente a conseguir el amparo social con la etiqueta de enfermedad a la vez que el psicólogo habrá hecho su trabajo de aceptación de la condición de enfermedad, una condición que el padeciente exige y el profesional físico niega.
¿Qué sucede con la cultura en la que se cría el dolor facilitado?
¿Cuáles son los contenidos que esa cultura esculpe en la conectividad sesgada del cerebro del profesional físico, del psicológico, del social, y del padeciente?
¿Contiene la cultura oficiante del dolor alguna referencia a sí misma como protagonista?
En mi opinión, no. Un no rotundo. Sin embargo, para mí que el dolor es cosa de tres:
Organismo (incluye la red neuronal y su conectividad dependiente de contenidos culturales), _individuo (_instruído en el dualismo más estricto y/o en la interacción entre lo físico y lo psicológico a través de cortocircuitos psicosomáticos, somatizadores…) y cultura (conjunto de expectativas y creencias que modulan poderosamente las decisiones de la red neuronal que construye la narración de la interacción compleja entre organismo, individuo y entorno).
El dolor desvela la narrativa cerebral. Organismo, individuo y cultura.
Si falta la pata cultural aparece el banco imposible de dos patas, por más que se presente el supuesto modelo de tres: bio-psico-social.
Puede que sean tres patas pero de distinta longitud y en suelo llano. El equilibrio es imposible.
Comentarios (13)
dolor. Desearte una total recuperación o que como mínimo se mitigue ese sistema de alarma que no quiero ni nombrar siguiendo tu consejo. Un saludo para todos.Los comentarios están cerrados.