Serotonina deprimida
Dicen que cuando andamos desfondados de ánimos y no vemos horizonte es porque falta serotonina en los circuitos. De ahí que utilicemos fármacos que apuren un poco su acción en las sinapsis (puntos de conexión entre neuronas). Cuando hay poca comida hay que rebañar bien el plato.
La depresión correspondería al patrón de cualquier enfermedad endocrina: ¿falta una hormona? (por ejemplo la hormona tiroidea): padecemos un hipotiroidismo. Ponemos hormona tiroidea y resolvemos la cuestión. ¿Sobra hormona tiroidea? Hipertiroidismo. Frenamos su producción.
Realmente la cosa no es tan simple. La depresión no es un hiposerotoninismo. No existe nada parecido a una glándula endocrina que produzca serotonina y pueda sufrir enfermedades que limitan su producción o liberación a la sangre. Para empezar, la serotonina no se libera en el Sistema Nervioso a la sangre sino en los precisos lugares en que debe hacer su trabajo. Es un problema de conexiones, no de serotoninas. No falta s_erotonina_. Lo que falla es el estado de esas conexiones, que pueden estar más o menos remolonas para responder a la bendita molécula de la felicidad y del sosiego. No conseguiríamos nada aumentando la serotonina. Los circuitos están de “no”.
La serotonina es una molécula simple, de pocos átomos, pero actúa sobre unas complejas moléculas proteicas, los receptores de serotonina. Hay muchos tipos y cada tipo admite varios subtipos. Un pequeño cambio en el receptor modifica sustancialmente el efecto de la serotonina. Es decir, que cuando administramos un “antidepresivo” estamos forzando una mayor disponibilidad de serotonina en todos los circuitos en los que hay receptores, de todos los tipos y subtipos y en diversos estados de conectividad.
Evidentemente la serotonina no actúa en solitario, según el ridículo esquema de un supuesto circuito de la depresión en el que se liberan pocas bolitas de serotonina en la sinapsis y por eso anda uno flojo pero no hay que preocuparse pues hacemos que las escasas bolitas actúen un poco más de tiempo, bloqueando el mecanismo que las reintroduce (recaptación) en la neurona. Por allí andan también otras moléculas que interactúan de forma compleja y que modifican la respuesta a las bolitas. ¿Cuál será el resultado final de bloquear la recaptación de las bolitas?
Ni idea. No me imagino cómo podemos saberlo.
Un estudio en ratones deprimidos comprueba que no falta serotonina. El problema, al parecer, reside en la falta de respuesta de los circuitos. Por más que aumentemos la serotonina, todo sigue igual. Los circuitos no obedecen.
En la depresión hay unos circuitos en estado de conectividad deprimente. En el caso de los ratones sabemos por qué: les han sometido a unas circunstancias deprimentes que acaban generando un estado de indefensión: “haga lo que haga no conseguiré nada; inútil el esfuerzo; tiro la toalla”.
En la depresión los circuitos cierran la boca a la cucharada de serotonina. No hay apetito. Tampoco funciona hacer el avión con la cuchara.
La serotonina acaba deprimiéndose. Las moléculas tienen también sus estados de ánimo.
No hay peor consejo para un deprimido que el de animarle a animarse.
– Tienes que animarte. Tienes que salir, relacionarte…
La serotonina sería algo así: una bienintencionada molécula que intenta ayudar, animar a unos circuitos que han optado por no hacer caso, pues ese es su cometido: potenciar el desánimo, la indolencia, la lectura negativa de todo. No tiene sentido llamar por teléfono con insistencia a un teléfono desconectado.
La serotonina no es culpable de que se hayan puesto en escena los circuitos del desánimo. No ha habido un bajón en los del ánimo porque ha faltado aprovisionamiento. Lo que ha sucedido es que en el sistema se ha generado la decisión de apagar motores, renunciar al esfuerzo, pues todo será inútil. Serotonina hay. Allí está dando palmaditas y ánimos, pero no resulta. Puede que incluso la serotonina concluya que nada merece la pena.
La serotonina está deprimida. Su buena intención no sirve para nada.
¿Qué podemos hacer?
Comentarios (32)
Los comentarios están cerrados.