Fisios
La práctica médica está enmarcada en los límites de dos objetivos: el diagnóstico y la terapia.
Al profesional se le pide que diga lo que uno tiene. Al menos que le ponga un nombre, aun cuando eso muchas veces no aporta gran cosa.
– Tiene usted cervicales… desgaste… contractura… distensión… sobrecarga… estrés…
Una vez puesta la etiqueta el ciudadano espera el remedio o ¡qué menos! el alivio, la terapia.
– Deme algo, al menos, para quitar el dolor o reducirlo, para poder ir tirando…
Los profesionales salimos del apuro tirando de etiquetas y de terapias. Al menos, que se vea que hemos cumplido con lo que se nos exige.
En la cuestión del dolor crónico no es fácil sugerir etiquetas precisas ni garantizar alivio. Cuando los fármacos y las alternativas fallan, los doloridos esperan que las buenas manos de un fisio disuelvan desde la superficie males profundos, con masajes, estiramientos, recolocaciones, musculaciones, relajaciones…
La Biología del dolor sugiere que esa maldita percepción mortificadora y limitante proviene del cerebro y que es allí donde hay que aplicarse. No siempre hay donde duele motivo para que el cerebro haya proyectado el programa dolor. Por tanto, la zona doliente no tendría que tener etiqueta ni remedio local.
– El dolor no está justificado por cómo tiene usted la columna. No hay que hacer nada donde nada sucede. El problema está en el cerebro. Le explico.
Cuando un fisio involucra al cerebro está renunciando a la etiqueta. Se queda sin la palabra mágica que acredita su pericia. El cerebro no tiene aún nombre.
– El cerebro gestiona mal el dolor. Es un problema de aprendizaje, memorias, miedos, educación…
El padeciente no siempre acepta quedarse sin la palabra concreta que permite el relato en el encuentro callejero:
– Vengo del fisio… No he entendido nada…
Mal está que a uno le hurten la etiqueta pero peor es quedarse sin terapia. Un fisioterapeuta es, por definición, alguien que aplica un remedio.
– ¿Y qué te ha hecho?
– Nada. Ni me ha tocado…
El fisio que habla mucho y toca poco es, hoy por hoy, un bicho raro. Nadie ha advertido al ciudadano que en el dolor crónico es importante comprenderlo y que para ello habrá que hablar del cerebro. No estaría mal que quien solicita la intervención del fisio preparara el encuentro.
– Te mando al fisio para que te explique la Biología del dolor y te quite miedos y así puedas recuperar una actividad normal… Escúchale con atención…
Los fisiopedagogos son minoría respecto a los fisioterapeutas clásicos. Los ciudadanos no los conocen y los profesionales tampoco.
Algo se está moviendo pero es a título individual. Ayer Joan Gallart daba testimonio en este blog de su valerosa y generosa andadura personal.
¿Qué dicen y hacen los médicos?
En mi opinión están fuera del marco debido. La Biología moderna del dolor no acaba de entrar en los escenarios de la teoría y práctica médica.
Los fisios están solos. Comienzan a agruparse y están protagonizando el cambio de paradigmas de modo generoso, aceptando las incertidumbres que conlleva el compromiso. Es necesario que otros colectivos profesionales se unan al carro y se consiga una mínima coherencia teórica y práctica para no volver chiflado al ciudadano.
Este sábado expondré las propuestas de la naciente Neurobiología del dolor en la reunión anual de la Sociedad Vasca de Neurología.
¿Qué hacen los neurólogos?
Sinceramente, creo que andan tarde. Se está esfumando la oportunidad. Espero acertar con las palabras para sensibilizar al menos a una minoría.
El dolor tiene que ver mucho con las neuronas. No siempre es un problema de tejidos.
¿Quién se encarga o debiera encargarse de las disfunciones neuronales?
¿Psicólogos? ¿Neurólogos? ¿Psiquiatras?
De momento nadie se ofrece voluntario.
Afortunadamente ahí están los fisios. Apoyemos su implicación.
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