Un importante premio para la Pedagogía del dolor
Lorimer Moseley es un líder mundial en la propuesta de la pedagogía del dolor como estrategia para controlarlo.
Explicar el proceso del dolor es la mejor herramienta de que disponemos para ayudar al padeciente. Es la tesis convencida y convincente de Lorimer. La predica a lo largo y ancho del mundo con notable éxito entre el colectivo de Fisioterapeutas, el colectivo más implicado (si no el único) en el momento actual en la generosa tarea de cambiar el paradigma del dolor, frente a vientos y mareas del resto de los colectivos, que siguen aferrados al paradigma propio de su especialización, el que recibieron y les mantiene.
El Consejo Nacional Australiano de Investigación Médica y Salud ha premiado su investigación y trabajo clínico con dos importantes premios. La Pedagogía del dolor ha obtenido un importante respaldo oficial… en Australia.
Ayer finalizamos las clases del octavo grupo de padecientes de migraña. La situación de los alumnos respecto al comienzo del curso es mayoritariamente mejor. Una vez más se demuestra la eficacia sorprendente de la docencia. Cuatro clases. Eso es todo. Basta para desbaratar una dinámica de dolor absurdo, innecesario, anómalo. Un dolor nacido de una red neuronal que teje sus circuitos bajo el temor de los augurios de una cultura alarmista, que define la migraña como una maldición genética contra la que resulta inútil rebelarse.
Explicar el dolor. Comprenderlo. Espabilar y hacer un buen corte de mangas a la cultura que nos crió.
Conocer. Liberarse. Eliminar culpas y taras. Vivir desde la convicción de residir en un organismo razonablemente sano pero encogido por el miedo.
El grupo ha acabado el curso. Les ha sabido a poco. Quieren más. La curiosidad permanece viva. Un cierto nerviosismo al perder la tutela de las clases.
Para los “profes” una satisfacción profunda de recoger los frutos de lo sembrado.
La Pedagogía del dolor está ahí. ¿Qué hace falta para que profesionales, instituciones y ciudadanos la promuevan y reclamen con determinación? ¿Por qué se mueve el nuevo paradigma tan lentamente?
Hace unos días el editorial del Neurology entonaba un asordinado mea culpa respecto a los desencadenantes y sugería que, a lo mejor, las creencias, el aprendizaje, las memorias… andaban en los fogones del dolor y que, dado que en la migraña falla la habituación a lo irrelevante, sería quizás (sólo quizás) más lógico acercarse a lo inocente prohibido (el queso, el chocolate, el chupito y el viento Sur) perdiendo el miedo.
El cerebro migrañoso es normal. Los desencadenantes no muerden. La vida no muerde. No debería haber lugar para el dolor de un cerebro sensiblero y miedica.
La pedagogía del dolor es una batalla contra los miedos del adoctrinamiento en la teoría de enfermedad. Todo se explica por enfermedad. El dolor es una enfermedad.
La teoría de la enfermedad del dolor es un despropósito que cierra el bucle e impide la solución del despropósito cerebral. El miedo alimenta el miedo, lo amplifica. El cotilleo entre cerebro e individuo dispara el bulo, la fobia, la superstición, el mal de ojo. Lo irrelevante se vuelve hostil.
En el 2012 intentamos presentar nuestro trabajo de San Martín en sendos Congresos de Atención Primaria. Fueron desestimados, incluso aun cuando uno de los temas era sobre dolor de cabeza. Afortunadamente, los gestores sanitarios de la Comarca de Alava premiaron y reconocieron el esfuerzo.
Lorimer Moseley en Australia, el grupo de San Martín en Alava. Algo es algo.
¡Salud! y larga vida a la Pedagogía del dolor, la Pedagogía de la salud y el derecho a la vida si uno no ha hecho nada para desmecerla.
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