Razones para el optimismo
He estado este fin de semana en Barcelona dando un curso sobre Dolor y movimiento a 31 animosos fisios. Dieciseis horas de clase, hablando de neuronas no las aguanta cualquiera. Se necesita interés por el tema. No observé ninguna cabezada, ni siquiera en la complicada hora que sigue a la comida.
Siempre me ha admirado la pasión de estos fisioterapeutas por conocer, por crecer profesionalmente, exigiendo y exigiéndose rigor. Invierten horas de trabajo en docencia, en matrícula, viaje y hotel. No hay subvención. El dinero sale de su bolsillo.
Creo que la Pedagogía en Biología del dolor ya ha emprendido el vuelo, sin retorno. El dolor tiene quien se ocupe de él. Los equipos multidisciplinares habían dejado de lado a los fisios o los relegaban a labores subsidiarias de ejercicio y masaje. El colectivo emergente de fisios que yo conozco pide una mayor implicación y la pide con toda justicia pues está demostrando que acepta, por ética profesional, el compromiso de conocer la compleja trama del dolor y la aplicación de los nuevos paradigmas, muchas veces arriesgando la clientela fácil que pide masaje para sus contracturas.
No es fácil desaprender y aprender, hablar de cerebro y dolor a los padecientes. La gestión de la Pedagogía requiere cintura, sentido común, adaptación al padeciente de cada momento, a su circunstancia.
A la vez que yo hablaba a los fisios en Barcelona, mi hija Maite y mi yerno Asier, fisioterapeutas tocados por la convicción de la condición cerebral del dolor, explicaban a un grupo de médicos y enfermeras de Atención Primaria que acudieron voluntariamente en horas sabatinas, las bases de la Pedagogía, las falacias del mal llamado “dolor músculoesquelético”.
Llegué ayer a Vitoria y me esperaba el octavo grupo de padecientes de migraña. Tercera clase. Once mujeres y un varón. Comenzamos la ronda de impresiones. Todos estaban mejor: bastante, mucho o muchísimo mejor. Apenas algún calmante. Por primera vez en mucho tiempo, en años, una semana entera con la cabeza despejada. Por primera vez una menstruación sin migraña.
Lo vivido entre el viernes y ayer contiene rabia pero no impotencia. Rabia por la dimensión escandalosa del sufrimiento innecesario pero convicción de que hay un camino para disolverlo. No hay mas que hacer Pedagogía, explicar las verdades del ABC del dolor y todo el ABCdario de las falacias que lo alumbran y sostienen.
Asoman razones para el optimismo. Existe la fórmula. Es natural, inofensiva, liberadora y económica. Sólo necesita apoyo. Es necesario que profesionales y ciudadanos la conozcan y se comprometan a desarrollarla.
En el Centro de Atención Primaria de San Martín ya ha cuajado el grupo de profes y alumnado. Sus gestores han comprobado la eficiencia del enfoque pedagógico y apuestan por él.
– ¿Esto que nos explicáis de la migraña también se aplica a otros dolores?
– Naturalmente.
Cada lugar del organismo tiene su propia carga de mitos y falacias, de temores infundados. Los mismos perros pero con distintos collares.
Las cervicales, las lumbares; hombros, caderas y rodillas; músculos y huesos… También anda el cerebro por medio.
La migraña se disuelve con cierta facilidad. Sólo necesita Pedagogía. Los otros dolores se benefician de la explicación pero probablemente exigen una atención complementaria individual. Esa atención viene del buen oficio de un fisio versado en la nueva teoría.
– No acabo de creérmelo…
Hay que creerlo. No como una fórmula mágica, como un milagro, sino como una consecuencia lógica de explicar y aplicar lo sencillo.
No hay daño. No tendría que doler. El organismo está razonablemente sano. El cerebro está equivocado. Lo han educado en el miedo a la irrelevancia.
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