Creencias migrañosas
Allá por el 2005 hacía una serie de preguntas a los padecientes de migraña. Fueron 65 los encuestados. Iré comentando en sucesivas entradas cada una de ellas.
– ¿Es la migraña una enfermedad?
– Sí: 53/65; (81%).
Desarrollaba la pregunta: ¿Es una enfermedad, en el sentido de que existe algo alterado en la cabeza, algo que no es normal…?
– Sí: 53/65; (81%)
La convicción de enfermedad está muy extendida. Es lógico: dolor intenso recurrente, náuseas-vómitos, intolerancia sensorial… Es como si algo en la cabeza perdiera el control y entrara en una espiral que sólo un fármaco y el retiro en un ambiente protegido pudiera calmar. Ese infierno sólo puede surgir de la Patología.
El padeciente está instruido para buscar el desencadenante: la acción, trivial para los no migrañosos, que pone en marcha la tortura. Dicen los neurólogos que el cerebro migrañoso es un cerebro enfermo. Sus circuitos contienen, por desgracia de unos supuestos genes migrañosos, una condición de hiperexcitabilidad, que recuerda al paroxismo epiléptico (“migralepsia”). El cerebro enfermo migrañoso exige calma, orden, regularidad, hábitos algodonosos, silencio, penumbra. De otro modo entra “en erupción”.
Dicen los de la teoría de enfermedad que los circuitos neuronales responsables de la migraña nacen, no se hacen. Podemos nacer con diversas condiciones, rasgos, tendencias, limitaciones, excesos. Todos marcarán nuestra existencia. Los genes migrañosos condenan a quien los recibe a sufrir dolor. La genética migrañosa, curiosamente, sólo se expresa en la cabeza. A veces sólo en media cabeza. Si fuera cierto que con la migraña se nace se descubriría algún componente específico de la cabeza que explicara esa afición a disparar el dolor en el cebollo, sólo allí. Hay investigadores que han tratado de encontrar la condición exclusiva doliente, allí en la cabeza, pero no aparece. Las “neuronas del dolor” de la cabeza son igualitas que las de cualquier otra región. Su química es similar.
No hace mucho tiempo se defendía la tesis de que la condición genética se expresaba en unas arterias con tendencia a dilatarse e inflamarse. Parece que la tesis ya apenas se sostiene. Se pasaron las responsabilidades al trigémino, el nervio que se encarga de recoger información de lo que sucede en la cabeza y parte alta del cuello. El trigémino migrañoso sería hiperexcitable, como un cable del que salen chispas… Se pasó del dolor vascular al dolor electrónico.
Actualmente se piensa que la migraña no procede de arterias ni cables anómalos sino del corazón del cerebro. Manda la informática, el software y el hardware. Allí se supone que existe un “generador” de migraña. Un circuito que se activa espontáneamente o con la banalidad del desencadenante. Habría, por tanto, un gen que genera un generador de lo que llamamos migraña. Un cerebro con enfermedad genética, con problemas de disco duro.
El 81% de los migrañosos consultados está convencido de que tiene en el interior de su cabeza una especie de bomba de dolor, una bomba que se autoactiva por más que se intente llevar la cacareada vida sana y ordenada.
Los padecientes migrañosos tratan de aparentar salud. Se resisten heroicamente a coger bajas, a desbaratar reuniones sociales. Defienden su derecho a actuar como si no tuvieran enfermedad, pero se saben (creen) enfermos.
La convicción de enfermedad es el primer escollo que debe superarse.
El cerebro migrañoso es normal. La personalidad del migrañoso es normal. La vida que lleva el migrañoso es normal. No hay enfermedad, condición patológica. El migrañoso no nace, se hace y puede deshacerse. No es el disco duro, es el blando.
– Quítese esa convicción de enfermedad de la cabeza. De otro modo poco podemos hacer. Un cerebro migrañoso toma decisiones equivocadas. Para corregir el error hay que detectarlo y reconocerlo.
– A MI no ME parece normal lo que ME sucede. Eso del cerebro equivocado suena muy raro…
En los grupos de migraña de San Martín la primera batalla se libra contra esa convicción.
– Meter las creencias migrañosas en una bolsa de basura y sacarla a la calle.
Créanme: un cerebro migrañoso es un cerebro sano. Eso no basta para ser feliz ni para encontrarse bien. Para ello necesitamos un cerebro sensato, progre, permisivo, confiado, amigo.
En los grupos de San Martín, cerca de un 80% de padecientes cambian el chip. Desactivan la convicción de enfermedad. Tienen menos dolores, son menos intensos, toman menos calmantes, recuperan la golfería inocentona…
– ¿Considera que la migraña es una enfermedad?
– No, en absoluto…
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