Comprender: ni necesario ni suficiente
La primera clase del curso de migrañas sorprende, descoloca, mosquea, ilusiona, ilumina… Cada uno tiene sus “cadaunadas”, creo que decía Unamuno.
Una semana de intervalo no es mucho. Las alumnas, y el alumno, comentan cómo les ha ido.
Unos igual, otros distinto pero con dolor. Unos no han tomado calmantes, otros “han tendio que tomarlos”. Algunas no han tenido dolor.
– No entiendo por qué. El caso es que no me ha dolido.
– Me sigue doliendo. Entiendo lo del cerebro pero no sé cómo hacer para que no me duela.
Tengo un amigo exmigrañoso en los últimos 5 años. Antes de explicarle “lo del cerebro” tenía todas las semanas dolor, correlacionado con la ingesta de vino, un día determinado de la semana. Quedamos a comer. Le expliqué el cotarro cerebral y a partir de ahí no hubo más migraña…
– Hoy es el día que aún no entiendo el por qué. El caso es que no he vuelto a tener crisis.
Se da también el caso contrario.
– Lo entiendo perfectamente. Lo creo. Sé que es así pero todo sigue igual…
El cerebro tiene sus razones, sus dinámicas, sus miedos, sus incertidumbres. Aprieta las clavijas de la conducta a través de sus proyecciones a la conciencia, en forma de percepciones, sentimientos, por ejemplo, de dolor.
Hay una situación descrita como visión ciega. Un área cerebral implicada en la proyección de la percepción visual a la conciencia está lesionada. Ello impide dicha proyección. El individuo no ve, pero su cerebro sí. En el vídeo enlazado se aprecia la paradoja,
En las clases exponemos los conceptos, apoyados en imágenes. Los reciben el cerebro y el individuo consciente. La información entra en la red de procesamiento como los alimentos entran en el aparato digestivo para ser procesados (digeridos). El resultado no lo podemos adelantar.
El individuo puede repetir lo aprendido, argumentarlo, dar pruebas de que ha captado y creído lo expuesto. Lo ve pero duele. El lo acepta pero, al parecer, su cerebro no da el visto bueno, no lo ve claro.
Cuando duele, cada padeciente libra su batalla con el cerebro. Las actitudes son muy variables. Una exalumna confiesa que ella no se complica demasiado la reflexión. Acudió a las clases y los dolores fueron remitiendo. Recientemente tuvo la regla. Eso quería decir, obligadamente, dolor intenso de cabeza… Pues no. El dolor no apareció. ¿Por qué? ¿Qué hizo? nada especial. Simplemente, no tuvo dolor.
Poner demasiada carne en el asador, apretar, urgir al cerebro para que no duela… no resulta. Al cerebro no le va un individuo mandón, exigente, controlador, que quiere tomar sus riendas.
– Necesito dormir…
Uno no puede apagar la luz de la conciencia concentrándose angustiosamente en apagarla. El individuo no tiene a mano el interruptor. No puede apagar su cerebro. Es el cerebro el que apaga la luz cuando comprueba y cree que todo está en orden, según sus cábalas y valoraciones.
Es mejor comprender lo explicado pero puede no bastar.
No es necesario comprender con pelos y señales. Puede que los mensajes hayan llegado al cerebro sin darnos cuenta de ello.
La visión ciega. El individuo ciego con un cerebro que recibe la información de la retina, la procesa y utiliza para no chocarse con los obstáculos aun cuando el YO no los vea.
La desactivación de la alarma sin que el individuo conozca los motivos.
– Ya no salta la alarma de incendios cuando sale viento Sur. Será que se ha desactivado el miedo a que se queme la casa… digo YO…
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