El dolor no daña
La confusión en el significado estricto de los términos dolor y daño genera afirmaciones erróneas. Por ejemplo: el dolor acaba dañando el cerebro.
El dolor es un efecto del daño, no su causa. El dolor es un contenido perceptivo, el resultado de la activación conjunta de asambleas neuronales diversas. Evitar o aliviar el dolor con analgesia y anestesia no reduce el daño que lo genera.
El dolor mortifica, invalida al individuo que lo recibe y padece. Perjudica sus intereses y proyectos pero no daña los circuitos neuronales que lo generan. Más bien lo contrario: los potencia, robustece.
Los cerebros que proyectan dolor crónicamente muestran cambios en su estructura respecto a aquellos cerebros que no lo generan. Son cambios reversibles. Lo que induce los cambios es el programa crónicamente encendido. La actividad cerebral siempre se acompaña de cambios estructurales. El cerebro doliente es el resultado de unos patrones de actividad diferentes del que no proyecta dolor. Lógicamente, su estructura será distinta, mientras persistan activos esos programas.
El dolor aparece cuando el cerebro evalúa amenaza, cuando atribuye relevancia negativa a un momento, lugar y circunstancia.
Realmente podríamos afirmar que la atribución sostenida de relevancia aversiva, amenazante, es la que genera los cambios estructurales. Si tanto nos preocupan esos cambios hagamos algo para modificar la relevancia. Si no hay nocividad, daño consumado o inminente, sino sólo daño imaginado, hagamos algo para eliminar la presunción de enfermedad, por ejemplo convencernos de que el organismo en el que residimos está sano.
En la fibromialgia en el dolor lumbar crónico, en la migraña frecuente… encontraremos cambios estructurales en las pruebas de imagen. Ello no certifica que estamos ante una enfermedad en sentido clásico sino que la persistencia de la convicción relevante se expresa a través de esos cambios. Si cambiamos las creencias y expectativas puede que desaparezca el dolor y también los cambios.
En una crisis de migraña, aumenta la liberación de CGRP. Este hecho no es la causa de la crisis sino una más de las muchas expresiones químicas que acompañan al encendido de la alerta migrañosa.
El dolor forma parte de una respuesta defensiva. Cuando esa respuesta tiene sentido, es decir, cuando se ha generado una lesión que debe repararse, el dolor protege el proceso reparador. Cuando la respuesta es innecesaria porque no hay daño relevante, ni va a haberlo de modo inmediato, su activación sostenida, reiterada, supone un gasto, una carga para el organismo (carga alostática)
La alostasis es la capacidad que expresan los organismos vivos de responder a las circunstancias adversas utilizando recursos extra, costosos y perjudiciales a largo plazo, pero necesarios para la supervivencia. Los recursos alostáticos deben encenderse sólo cuando son realmente necesarios y apagarse tan pronto desaparece la circunstancia que los activó.
La proyección de dolor es un recurso alostático: tiene sentido mortificar al padeciente cuando acaba de sufrir una lesión o enfermedad. No lo tiene cuando no hay lesión o enfermedad.
Aumentar la frecuencia cardíaca a 150 pulsaciones se justifica para huir del depredador. Mantener crónicamente un régimen alto de frecuencia cardíaca por depredador imaginado (miedo injustificado) no tiene sentido y pasa factura al corazón.
El dolor no es un hecho físico. Es un contenido de conciencia. No puede dañar físicamente. Mortifica, invalida. Eso es todo.
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