La enfermedad del dolor

Hay veces que el dolor no es mas que un síntoma, la consecuencia de una lesión o enfermedad: una fractura ósea, una infección, una quemadura. Se trata de algo excepcional en nuestras vidas. Habitualmente no sucede nada anormal que justifique el síntoma dolor.
Es más frecuente que el dolor campe a sus anchas, en ausencia de daño o enfermedad relevante: lumbalgia, migraña, fibromialgia… El dolor ya no es un síntoma de algo alterado donde duele. Allí no hay nada alterado. Según los expertos, en estos casos el dolor es una enfermedad.
Evidentemente el dolor mortifica e invalida. Impide o penaliza la vida normal, el rendimiento pleno del individuo. De acuerdo con la OMS un individuo dolorido es un individuo enfermo. Padece la enfermedad del dolor crónico o recurrente.
El dolor sin enfermedad es una enfermedad. Así de simple. Lo anormal (lo enfermo) es que haya dolor no habiendo enfermedad o, también, que no haya enfermedad habiendo dolor.
Los padecientes de la enfermedad del dolor a veces sueñan con tener una enfermedad tangible, detectable, visible, reconocida socialmente, amparada por los subsidios de las enfermedades con enfermedad y aliviada por tratamientos eficaces, como la diabetes, por ejemplo.
Dicen que la enfermedad del dolor sin enfermedad acaba afectando al cerebro, encogiendo la corteza. Por ello la enfermedad de tener dolor “sin motivo” debe prevenirse atajándolo con decisión, manteniéndolo a raya, para evitar que nuestras neuronas se degeneren por el impacto sostenido del dolor.
A la enfermedad del dolor se le han buscado genes de enfermedad del dolor, hábitos poco saludables, emociones contenidas o reprimidas, alimentos, tóxicos ambientales, estreses, sobrecargas mecánicas, insuficiencias y/o excesos bioquímicos.
Puede que no haya tal enfermedad. ¿Por qué no un organismo sano, gestionado por un cerebro equivocado?
¿Puede considerarse un cerebro equivocado como un cerebro enfermo? Desde la perspectiva de la OMS, no hay duda: Sí. Se puede y debe… pero, en mi opinión, también debiera especificarse un apartado de “enfermedades por errores cerebrales”, definidas por una gestión inadecuada de los programas neuronales.
Un síntoma es la expresión de un programa. La Patología a veces reside en el suceso que dispara el programa (la lesión o enfermedad) y otras en el encendido innecesario del programa.
La sirena estridente del sistema de alarma puede activarse por enfermedad en la casa (incendio, robo) o por “falsa alarma” (no sucede nada amenazante aunque la sirena está sonando).
Un sistema que activa la alarma cuando no debe, según la OMS sería un sistema “enfermo” en razón a que perturba la tranquilidad y confort del individuo.
– Utilice tapones. No piense en la alarma. Aprenda a sobrellevar el hecho de que vive usted en una casa enferma aunque aparentemente esté sana. Es un misterio para el que no tenemos respuesta.
Otra opción:
– Revise el sistema, la arquitectura del procesador, el criterio de amenaza, las expectativas, el aprendizaje. Comete muchos errores, muchos falsos positivos. Considera peligro cuando y donde no hay. No acepte la tesis de la enfermedad ni la del misterio. Intente dotar al sistema de sentido común.
La enfermedad del dolor se consolida con la convicción de enfermedad, es decir, aceptando la tesis de los expertos.
La enfermedad del dolor puede disolverse rechazando la tesis de enfermedad, soltando el lastre de las creencias y expectativas que alimentan los sentimientos de enfermedad y recuperando el estado de convicción razonable de salud suficiente.
– Puede y debe hacer una vida normal. Tiene que conseguir que su cerebro la valore como algo inofensivo e, incluso, conveniente para la salud.
El dolor siempre es un síntoma. A veces de enfermedad y otras, una vez descartada la enfermedad, de error cerebral en la valoración de enfermedad.
– Tiene usted un dolor enfermizo
o…
– Tiene usted un dolor equivocado.
Usted verá… Usted es parte importante de su cerebro… equivocado. No se equivoque.
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