El legado migrañoso

– Mi abuela era migrañosa; mi madre también. Mi hijo empieza a tener crisis…
– Es una enfermedad genética. Debe proteger a su hijo educándole en el miedo a los desencadenantes, en la búsqueda de una vida reglada, en la toma precoz de calmantes… Tiene que aceptar su condición. Tiene sus genes.
La afirmación solemne y aparentemente correcta de que la migraña es genética, añade a las padecientes una nueva cruz al comprobar que una de sus criaturas ha recibido los malditos genes.
En cada crisis intentarán el alivio inmediato, el fármaco más exitoso. Se esforzarán en encarrilar al hijo en el camino de los hábitos saludables y maldecirán la herencia.
Evidentemente los padres legan a sus hijos genes. Algunos pueden ser determinantes y el descendiente que los reciba no podrá evitar las consecuencias directas de ese legado. No es el caso de la migraña. No existe esa genética determinante. En todo caso puede haberse legado una genética predisponente, una probabilidad. Esa probabilidad dependerá, además, de lo que se encuentre en el contacto con el entorno que toque.
El legado parental no se acaba con los genes. Hay transmisión activa y pasiva, consciente e inconsciente, de otros apartados de la herencia.
Los padres son modelos, referentes, ejemplos de futuro. Son también instructores. Proponen y disponen.
La cultura oficial migrañosa sostiene que la migraña es genética. Es una afirmación falsa porque ignora otros aspectos sustanciales de la herencia. Una parte de la verdad que ignora el resto se convierte en falsedad.
La cultura oficial de los genes alimenta el catastrofismo, anima la estructura migrañosa, la dependencia de fármacos, la alerta, la indefensión, las fobias, la invalidez social.
La propuesta del origen aprendido de la migraña invierte la situación. No sólo puede reducir la probabilidad de errores (falsos positivos) en la gestión del dolor por parte del cerebro, sino que permite una educación liberadora de los descendientes.
En los grupos de migraña hacemos hincapié en esta cuestión. La mayoría de las padecientes son madres y algunas tienen hijos que ya sufren el infierno de las crisis. Saber que no hay determinismo genético y que, en su lugar, aparece la cultura, la información, con un cerebro plástico abierto a los cambios razonables, supone un alivio y un acicate para su propio aprendizaje.
Culpar a los genes con la contundencia con la que acostumbran hacerlo los neurólogos, es una barbaridad sin fundamento. Las noticias de supuestos hallazgos definitivos son simples correlaciones estadísticas de zonas genómicas de grupos de migraña. Si se hiciera un estudio sobre la trascendencia de los factores culturales, especialmente si se integrara genes y cultura, los resultados serían llamativos.
En los grupos de San Martín ponemos a prueba la hipótesis de la cultura. Descalificamos el poder de la genética y reinvidicamos la importancia de la cultura, una cultura que campa a sus anchas en todos los escenarios y que cobra especial relevancia en el ámbito familiar.
Los padres legan a sus hijos la cultura de los genes. Ello es así porque los genes humanos nos incitan a la dependencia de la cultura al uso… la de casa.
Comentarios (4)
Los comentarios están cerrados.