Prodromos (avisos).

Dicen los expertos que la migraña acostumbra a anunciarse. El padeciente barrunta una crisis. Cuestión de horas. Los síntomas pre-migrañosos son variables pero no incluyen todavía dolor. Se trata más bien de un desasosiego, un cambio de humor, un pre-sentimiento.
– Voy a tener una migraña.
Las teorías habituales de la migraña pasan por alto estos síntomas. Los citan pero los ignoran cuando proponen sus hipótesis. El desasosiego no tiene explicación fácil por fenómenos vasculares ni musculares. Tampoco dice nada el que las neuronas del trigémino estén hipersensibles.
Amenaza tormenta migrañosa y, previsiblemente, acabará descargando pero no tenemos explicaciones para aquello que genera el riesgo.
¿Qué estructuras o circuitos proyectan estos pre-sentimientos migrañosos?
No parece que sea cosa de arterias dilatadas latiendo furiosamente sobre unas paredes inflamadas ni músculos contracturados en cráneo, cuello o cara. Sensibilizar las terminales del trigémino produciría dolor, todavía ausente, y no bostezos, inquietud, irritabilidad, ganas de comer dulces…
El padeciente migrañoso siente el pre-sentimiento de la crisis y se dispone a sobrellevar el chaparrón como mejor pueda. Comprueba que está el calmante en el bolso, ruega que se le deje en paz, busca paz y relajación, modifica la agenda personal… o la mantiene a sabiendas de que le espera un día perro.
El aviso migrañoso es un aviso cerebral. Se ha activado la alerta y los programas defensivos calientan motores. El organismo huele peligro en el interior de la cabeza y necesita que el individuo deje de lado su protagonismo y se conduzca como requiere la situación.
Dicen los expertos que el pródromo debe ser aprovechado para protegerse y que el individuo debe colaborar con el pre-sentimiento haciendo todo aquello que el cerebro exige aun cuando muchas veces no sirva para nada.
La supuesta genética migrañosa construiría un cerebro agorero con tendencia a ver señales de peligro en mil y una trivialidades.
– Hoy ha salido día luminoso. Malo, malo…
El pre-sentimiento migrañoso pide retirarse al refugio, lugar habitualmente oscuro. Nada mejor que activar la intolerancia a la luz.
Muchos migrañosos llevan gafas de sol para protegerse de la fobia a la luz (fotofobia). No parece buena idea para librarse de una fobia evitar lo que la produce. Las fobias se disuelven con ejercicios de tolerancia apoyados en la convicción de que el problema es fóbico y no de una sensibilidad especial.
El pródromo es un buen terreno para ejercitar y recuperar la tolerancia a lo irrelevante. Antes de que la cosa vaya a más el padeciente, que sabe que en el pre-sentimiento no hay sino miedo fóbico a que algo suceda, debe utilizar sus armas cognitivas y su voluntad para sosegar el cotarro cerebral.
– ¡Qué día más luminoso para ir a la playa!
Gafas de sol, tapones en los oídos, pinzas en la nariz, cierre digestivo y social… calmantes…
Así no hay quien remedie una fobia.
¿Por qué no prueba el corte de mangas argumentado?
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