El dolor y los médicos de Atención Primaria

Marisol forma parte del colectivo de esforzados y des-apreciados profesionales de los Centros de Atención Primaria que tienen que encargarse de la brega apresurada del paciente real. En mi época de Especialista “ortodoxo” recibía varias consultas referidas a dolor, solicitadas por algún anónimo médico de Atención Primaria. Cuando la cosa iba mal (sucedía muchas veces) zanjaba la relación con un breve informe en el que quedaba claro que no tenía nada que ofrecer.
– Entregue este informe a su médico de cabecera. El le dirá…
La militancia en la heterodoxia, en lo políticamente incorrecto, me obligó a asumir individualmente y mientras el paciente quisiera la responsabilidad de la complicada lidia (perdón por el simil taurino) del dolor. La singladura solitaria finalizó afortunadamente cuando, ya jubilado, me compinché con Iñaki para iniciar el trabajo con los grupos de San Martín.
Creo firmemente en el futuro de los grupos desde Atención Primaria. Creo en la labor pedagógica que se puede hacer a contracorriente de la oficialidad y de los “equipos multidisciplinares”, fármacodependientes y psicologizantes. Creo en profesionales honestos, generosos y competentes que aceptan descubrir su ignorancia y su iatrogenia y están dispuestos a dar el giro de 180º y partir nuevamente de cero tras desandar lo andado con mucho esfuerzo.
Marisol me mandó este escrito… Gracias por todo.
…
Hola. Soy Marisol, médica de ambulatorio, y una de las afortunadas colaboradoras de los Grupos de Migraña con Arturo, Iñaki, Manuela y Cristina.
En las últimas décadas se han incrementado, de forma muy loable a mi entender, los esfuerzos para sensibilizar a los profesionales y dar formación en dolor. “Si el paciente dice que le duele es que le duele”, nos recuerdan. Aliviar el sufrimiento es, ha sido y será una de las principales razones de ser de nuestra profesión.
Por otra parte, la industria farmacéutica ha incrementado sensiblemente el arsenal terapéutico disponible de analgésicos en todas sus presentaciones: relajantes, neuromoduladores, anticomiciales, antidepresivos…
Disponemos específicamente de Unidades del Dolor, además de todas las especialidades previas relacionadas de alguna manera con este tema (Traumatología, Neurología, Reumatología, Rehabilitación, Medicina Interna, Psicología, Fisioterapia…).
A pesar de ello, se da la paradoja de que nuestras consultas están cada día más llenas de personas que siguen demandando y esperando una solución diferente para el dolor pues muchas de ellas ya consumen analgésicos (o productos relacionados) de forma más o menos crónica: niños, adultos, ancianos, pero sobre todo mujeres a partir de la media edad… Las mujeres… ¿Cuántas de nosotras llevamos un ibuprofeno en el bolso? Es más, ¿Cómo ha sobrevivido nuestra especie y sobre todo nuestro género hasta el descubrimiento del paracetamol y del ibuprofeno?
El dolor, junto con la astenia (cansancio) y otros síntomas “funcionales” inundan nuestras consultas.
Nuestra respuesta habitual es:
– Descartar “organicidad”.
– En muchos casos diagnosticar artrosis, pinzamientos, contracturas, fibromialgia, falta de calcio, desgaste, colon irritable, cefalea de tal o cual tipo… como forma de legitimar la queja.
– Prescribir analgésicos, primero de forma aguda. Luego pautados…Podemos prescribir fajas, collarines, … tablas de ejercicios y recomendaciones.
– Añadir tranquilizantes y /o antidepresivos
-Si vuelven, derivar
-¿Y si vuelven? (siempre vuelven…)
-¿Y si piden la baja?
El paciente, en una actitud absolutamente pasiva y lógicamente derivada de nuestra omnipotencia y “omnisapiencia”, y escudado en diagnósticos muchas veces tan poco fundamentados como los descritos, solicita una solución que le devuelva al estado de no dolor o bienestar completo. Más pruebas, más especialistas, más medicinas o rehabilitaciones… más soluciones. También buscará lógicamente por su cuenta remedio en medicinas alternativas, consultas privadas, fisioterapeutas, automedicación…
El profesional puede “pasar” de la queja, o volver a entrar en el circuito por cualquiera de sus fases, o puede directamente desesperarse y acabar negando la existencia del dolor, achacándolo a ganancias secundarias del paciente, buscando respuestas psicologizantes (de lo mío no es, ¿estás preocupada o triste por algo?…) impotente a pesar de todas las herramientas de que dispone.
Y es que la mayoría de los profesionales consideran (¿consideramos aún?):
– Que dolor es igual a daño, o si no es que lo inventan o lo exageran. Que el único dolor legítimo es el provocado por el daño tisular.
– Que la inflamación se supone y es mala y hay que tratarla, siempre.
– Que la migraña se hereda. Que es hormonal obviamente. Que tiene claros y reconocidos desencadenantes inevitables que habría que evitar como trabajar mucho, tener la menstruación, tener fines de semana…
– Que en la migraña hay que tomar analgésicos precozmente pero que hay que evitar la automedicación (¿?) (Estas últimas afirmaciones y consejos son del vídeo para pacientes de migraña que actualmente tiene colgado en su web la Sociedad Española de Neurología)
– Que es normal que la menstruación duela, en la tripa y en la cabeza. (¿Será que duele ser mujer?)
– Que si hay artrosis tiene que doler.
– Que duele porque tienes una contractura.
-Que el estrés es malo.
– Que hay que relajarse, coger pesos del modo debido….
Necesitamos actualización en dolor, en los conocimientos que las neurociencias nos han aportado en las últimas décadas pero que… no vienen en los libros de texto, no se explican en las facultades, y sin embargo diferentes profesionales (sobre todo del mundo de la fisioterapia y de la neurología en algún caso) defienden, explican y aplican en su quehacer diario, con valentía y honradez.
Pequeños cambios en nuestra actitud, tras el derribo de creencias erróneas, pueden tener gran trascendencia en el futuro doloroso de nuestros pacientes, y en nuestra forma de enfrentarnos a la queja, lo que supondría un ahorro de sufrimiento por ambas partes (padecientes y profesionales) así como de medicamentos, consultas, pruebas complementarias y derivaciones a especialistas para el sistema sanitario.
Nuestra experiencia con los grupos de personas con migraña nos demuestra que puede ser así, que ES así. Los pacientes lo entienden, y lo aceptan con menos resistencia que nosotros, a pesar de nuestra “formación” (deformación). Y la historia de este blog lo confirma.
Arturo, tienes (tenemos) trabajo para rato.
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