Parches.

El parche es uno de los muchos modos de aplicar remedios. Lociones, infiltraciones, punciones, ungüentos, linimentos, paños…
Antaño tuvieron éxito los parches Sor Virginia para el dolor. Contenían una baja concentración de capsaicina, la molécula que genera el sentimiento picante de los pimientos. Aplicando algo picante en la piel dolorida, por el principio de que para algo que duele no hay nada mejor que algo que escuece, se conseguía que el cerebro aliviara el dolor proyectado sobre una zona.
Los parches Sor Virginia se han relanzado a la vez que otros parches con combinaciones variables de irritantes cutáneos.
La virtud de los parches se dice que reside en la desensibilización de las terminales de los nociceptores (“receptores de dolor”) cutáneos. El modo de hacerlo sería desactivar por excitación excesiva los mecanismos de generación de la señal eléctrica que el cerebro interpreta como peligro, es decir, insensibilizar los nervios.
Para anestesiar la piel y las terminales nerviosas que contiene podemos vaciar los depósitos de las “moléculas del dolor” (es lo que dicen que hace la capsaicina) o, siendo menos drásticos y más fisiológicos, bloquear los canales iónicos responsables de disparar la señal. Podemos “enfriar” el nervio en vez de chamuscarlo. Es lo que hacemos con la anestesia local.
Lógicamente si duelen “los riñones” es tentador aplicar ungüentos, linimentos, infiltraciones, manos y parches donde duele. Se ha hecho y se ha comprobado que resulta eficaz aunque el beneficio es llamativamente variable.
No es fácil comparar la eficacia de algo que irrita respecto al placebo pues debemos conseguir esa irritación sin molestar las terminales nerviosas y no se me ocurre que eso sea posible.
Sí podemos engañar al doliente con aplicaciones “analgésicas” poniendo parches inertes o infiltrando suero fisiológico o nada.
Recientemente unos investigadores han estudiado la eficacia de aplicar parches con Lidocaína al 5% en la zona lumbar dolorida. Dos veces al día, dos semanas.
– Le aplicaremos unos parches a ciegas y por sorteo (con una probabilidad de que contengan Lidocaína del 50%).
Resultado: mejoría del 50% en el 50% de los pacientes tanto si el parche contenía lidocaína como si no. Lo que funcionó fue “poner un parche” con una probabilidad conocida por el paciente de contener el anestésico del 50%.
Por si los escépticos pusieran objeciones se hizo una Resonancia Magnética funcional cerebral para comprobar que la “matriz del dolor” se activaba o apagaba de forma coherente con el relato.
Hacer algo donde duele puede aliviar aunque no hagamos nada mas que aparentar que lo estamos haciendo.
La probabilidad del 50% es la más eficaz para sensibilizar el sistema de recompensa. Probablemente si se manipulara la información diciendo que sólo al 20% de los pacientes les correspondería el parche real (con lidocaina) el beneficio sería menor.
Podríamos aplicar parches diciendo que contienen sustancias que aumentan el dolor y obtendríamos más dolor.
¿Conclusión?
Información, expectativas, creencias, engaño, cultura…
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