Grupos de dolor lumbar (XII). Incertidumbre

La experiencia con el primer grupo de dolor lumbar nos ha hecho saber que el método pedagógico no funciona tan brillantemente como con la migraña.
Los alumnos de neurofisiología del dolor siguen aferrados a su categoría de pacientes y piden que el profe actúe como un terapeuta.
No está resultando fácil disolver la idea de columna averiada y responsable del origen del dolor. Puede que no lo consigamos en la mayoría de los casos.
Puede que nosotros, los profes, estemos equivocados e infravaloremos los factores biomecánicos y cabe también la opción contraria: que los alumnos la sobrevaloren y no acaben de convencerse del todo de que el dolor es una opinión cerebral muchas veces errónea.
Ayer tuvimos la cuarta clase. Queda una más. Hablé de la necrosis y la apoptosis como modos extremos de muerte celular: el primero imprevisto, accidental y peligroso y el segundo programado,, controlado e “inofensivo”. La inflamación es una respuesta defensiva necesaria y beneficiosa que impide que los sucesos necróticos se extiendan por el organismo. Comparamos la necrosis con el fuego y la inflamación con la respuesta de los bomberos. Habitualmente los ciudadanos consideran que la inflamación es un fuego que debe impedirse y enfriar con antinflamatorios. Realmente la inflamación es una respuesta de contención del “fuego necrótico”. La inflamación son los bomberos.
La inflamación es la primera fase de la defensa de la integridad de un tejido destruído y da paso a los pasos siguientes de proliferación, regeneración y remodelación.
La inflamación lleva acoplada la regulación de su despliegue, es decir, la anti-inflamación.
No siempre que alguien dice que hay inflamación, existe. Caso de que fuera cierto habría que evaluar qué causa su despliegue y juzgar si la inflamación se mueve en límites razonables o debe ser contenida con ayuda externa.
Explico las diferencias entre integridad de tejidos y bienestar. La inflamación protege la integridad de los tejidos pero lo hace a costa de generar malestar: rubor, hinchazón, dolor, impotencia funcional. El individuo interpreta que si algo duele, está caliente, enrojecido e hinchado, cualquier acción terapéutica (fármaco, hielo, masaje) que reduzca la expresión inflamatoria conlleva una mejoría del tejido pero no es cierto. No hay equivalencia. Cada uno puede decidir lo que considere más oportuno: bienestar y disponibilidad funcional con antiinflamatorios o dejar que el organismo gestione de modo natural la reparación de los tejidos y aceptar una cuota razonable de incomodidad. Yo, personalmente, decido siempre la segunda vía.
Asier explica la diferencia entre movimiento y acción y muestra las diferencias entre un movimiento poliarticulado, libre y confiado y otro con un patrón de bloques y temor.
Una acción es un patrón de movimientos dirigidos a la consecución de un objetivo, evaluado respecto al riesgo que puede suponer para los tejidos y al coste energético. El cerebro selecciona el patrón motor en función de sus evaluaciones. Si hay miedo al daño intentará que el individuo suspenda la acción y, si no lo consigue, “protegerá el aparato ejecutor con un programa receloso, poco eficiente.
Surgen comentarios. Todo está muy bien, se entiende, tiene lógica… pero
– A MI me duele.
Alguien comenta que duele siempre a la una y media. Otro alumno refiere que el dolor aparece de modo inopinado
– Duele y YO no he hecho nada inconveniente.
Explicamos las dinámicas cerebrales, sus razones biológicas, a veces incomprensibles, aparentemente irracionales…
Acaba la clase y en el tiempo de las cañas, los profes confesamos nuestras dudas. Nos acordamos de los grupos de migraña…
Esto del dolor lumbar es más complicado. El derribo es complicado. La idea de la vulnerabilidad esquelética, de indefensión, está muy agarrada en los sistemas de memoria.
Puede que no baste con unas clases. Puede que los alumnos no estudien en casa. No hacen los deberes… Puede que necesiten ayuda más prolongada… Puede que haya factores estructurales que desconsideramos.
Esperemos a la evaluación final, al fin de curso.
¡Ah, los grupos de migraña!
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