Grupos de dolor lumbar (X). Virtud y virtualidad

El padeciente no entiende de interioridades somáticas, navega en un mar de dudas. Las certezas se limitan al sufrimiento e invalidez.
– Sólo sé que me duele y no puedo moverme.
El interior somático es incierto pero el horror a la incertidumbre se resuelve con la apuesta por la vía del pesimismo desde la lógica aparentemente perfecta..
– Algo tengo donde duele. De cajón.
Dentro de lo malo cabe desde una “contractura” a un cáncer. Cualquier cosa menos nada. Nada no es algo.
– La columna es razonablemente normal. Donde duele no hay ninguna patología relevante. Es un problema del cuerpo virtual.
El ciudadano no acepta eso de la virtualidad corporal. Sólo entiende y acepta virtudes y defectos. Realidades.
El profesional tampoco habla de lo virtual. Ve patología real desde su propia óptica. El reumatólogo intuye reumas, el traumatólogo traumas y el psicólogo estreses y catastrofismos. Es un problema de certificar la virtud o el defecto en su ámbito.
– De lo mío no es.
El padeciente virtual precisa un experto en virtualidad, alguien que entienda de cerebro.
– El organismo está razonablemente sano. Es virtuoso, correcto. Falla el organismo virtual. Está desviado, alejado de la probabilidad.
En los grupos de migraña resultaba relativamente fácil defender la tesis de que el dolor de cabeza es cosa “de la cabeza”.
Es más complicado convencer de que el “dolor de columna” está también “en la cabeza”.
– En la cabeza no encontraríamos nada anormal si la abriéramos en plena crisis de migraña. No habría inflamaciones, presiones altas, arterias dilatadas, neuronas humeantes, chispazos ni espíritus malignos. Si abriéramos en canal al padeciente lumbar encontraríamos músculos, ligamentos, discos, articulaciones, vértebras… más o menos iguales a los de una columna indolora.
En cualquiera de las dos localizaciones del dolor podríamos objetivar con una Resonancia Magnética funcional el cerebro doliente, el que necesariamente tiene que activarse para proyectar dolor, en cualquier lugar del cuerpo. Es el cerebro de la relevancia aversiva, el que establece, desde sus archivos de memoria de pasado, presente y futuro, el grado de amenaza a la integridad física en ese tiempo-espacio corporal.
Podemos sufrir un infarto de miocardio. En pleno proceso de destrucción celular, hay veces que el cerebro de las relevancias no concede importancia al flujo de señales de muerte procedentes del corazón.
– Tiene usted un infarto. ¿No ha sentido dolor?
– No.
– Tenemos un problema. El cerebro no representa correctamente los sucesos cardíacos. No ha concedido relevancia a lo relevante.
Es más frecuente el caso contrario:
– Me duele mucho el pecho, doctor. ¿No tendré un infarto?
– El ECG y los análisis son normales. No tiene usted infarto.
– ¿Entonces?
– Es el cerebro de las relevancias. Ha concedido relevancia a lo irrelevante.
Un cerebro saludable no es el que está sano sino el que acierta a atribuir correctamente relevancia al tiempo-espacio corporal.
Un riñón saludable es el que gestiona correctamente la relevancia de las moléculas: retiene las necesarias y elimina las inconvenientes. Lo mismo valdría para el resto del organismo.
La red neuronal llega con sus terminales a todos los rincones del cuerpo real e impone las normas del mundo virtual, de la probabilidad, de la incertidumbre.
Migraña, fibromialgia, dolor lumbar crónico, cistitis intersticial, piernas inquietas… Patología virtual. El mundo del como si…
Si al cerebro le aprieta la relevancia, el miedo al daño… al individuo le apretarán los síntomas por más que no esté ni vaya a suceder nada en ese momento y lugar del cuerpo.
Para resolver los problemas del cuerpo virtual hay que auditar el mundo virtual, el modo en el que el cerebro representa la realidad.
Hoy tenemos clase (la tercera, creo) con el primer grupo de dolor lumbar.
Los alumnos sienten su columna como si… realmente rezumara dolor con la carga mecánica. Nuestro propósito es hacerles ver que el dolor rezuma de la columna virtual, la del cerebro…
Mañana les cuento…
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