Grupos de dolor lumbar (IX). Las malas compañías

El cerebro sapiens (m.n.t.) es un cerebro socializado. Uno es cualquier cosa menos uno mismo. Los otros están presentes en la red neuronal. El YO es una ficción resultona por la fuerza de su apariencia.
Cuando duele sobre la zona lumbar parece que ello es debido al estado más o menos calamitoso de esa columna concreta, la de uno. Parece… pero no siempre es así.
Lo único privado es el sentimiento doloroso. Mi dolor es sólo mío pero es el resultado final de un largo y complejo proceso de socialización de la toma de decisiones por parte del cerebro.
Los denominados Síndromes de sensibilización central (entre los que puede ubicarse el dolor crónico) son Síndromes de socialización, la expresión de la interacción entre un cerebro aprendiz y los modelos pedagógicos que el grupo ofrece.
El grupo oculta su responsabilidad y señala al individuo como culpable: sus genes, sus hábitos, lo que hace y deja de hacer. Si no se encuentran causas locales suficientes en la columna se recurre a “lo psicológico” del individuo, a la incapacidad para afrontar las emociones, el estrés, al modo de ser y estar en el mundo y en uno mismo.
– Reside usted en un cuerpo sustentado por una columna deficiente. Acepte los hechos. Es lo que hay. Muscúlese, no coja pesos, nada de estresarse, pruebe con el yoga…
Muchas veces no se encuentra nada relevante en la columna. Las causas del dolor no están allí. El dolor es una experiencia sensorial desagradable compleja en la que participan también “factores psicosociales”, no sólo biológicos. Eso se dice ahora. Lo “psicosocial” se lleva.
Lo “psico” se imputa al individuo. El dolorido con columna normal probablemente es un catastrofista. Teme daño donde no hay.
Lo “social” se refiere al modo como el grupo cercano, los allegados, acogen el dolor, si lo reconocen y comprenden y si ofrecen su ayuda.
El grupo no se analiza como factor causal. Sólo se valora el modo en que responde al dolor ya expresado.
El dolor es una conducta cerebral, un modo de actuar, de gestionar el movimiento desde el supuesto de un peligro para la integridad de los tejidos.
El cerebro sapiens (m.n.t.) aprende a conducirse copiando e imitando los patrones que el grupo pre-dispone “Las compañías” contribuirán a que ese cerebro proyecte más o menos dolor.
En el fondo “las compañías”, los modelos sociales de interpretación y afrontamiento del dolor, son los profesionales, los expertos e iluminados que promueven listados de causas y remedios.
Hay buenas y malas compañías. Las buenas son las que facilitan una gestión cerebral razonable del dolor y la integridad corporal. Las malas compañías son las que promueven el miedo irracional del cerebro al daño y la degeneración de los tejidos.
– Me han dicho…
Cada uno dice una cosa pero hay coincidencia en señalar al individuo como responsable y diana de las terapias. Se pasa por alto la importancia de las “compañías”…
– ¿Qué le han dicho?
El padeciente puede ser un individuo psicosocialmente normal y residir en un cuerpo también normal. A pesar de toda esa normalidad el dolor está allí.
Cabe el recurso a la etiqueta diagnóstica que no dice nada o confunde aún más y que remite al misterio, a lo desconocido y emergente. Migraña, fibromialgia…
Las “compañías” proveen creencias y las creencias son poderosos vectores de dolor.
– ¿Cuáles son sus creencias?
Las creencias no las construye el individuo. Más bien lo contrario: le construyen.
No hace falta indagar mucho en las creencias de cada individuo. Son las que el grupo pre-dispone.
Las creencias son ofensivas por lo que promueven y también por lo que ignoran u ocultan.
– ¿Qué opina de lo que opina su cerebro? ¿Qué opinión le merece su cultura del dolor? ¿Qué cree de lo que cree? ¿Ha pensado alguna vez en que su cerebro esté equivocado?
El dolor es, a veces, somático. También, a veces, el individuo (lo “psico”) y sus allegados profesionales y familiares (“lo social”) echan más leña al fuego.
No pocas veces, el dolor es sociosomático, infosomático, cultural.
Las malas compañías…
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