Grupos de dolor lumbar (IV). El bípedo implume

Decía Platón que el hombre era un bípedo implume. El cínico Diógenes le obligó a añadir … con uñas planas tras arrojarle un pollo desplumado como muestra de un hombre.
Somos, realmente, bípedos por naturaleza aunque mostramos cierta querencia ancestral a añadir algún apoyo manual, camuflado en forma de bastón. No acabamos de confiar en la condición bípeda y nos sentimos más seguros agarrándonos a algo o alguien.
El sentir general sostiene que del bipedalismo proviene el dolor ya que dos patas son pocas para soportar tanta carga y que el suelo nos queda lejano y nos obliga a doblar el espinazo para recoger objetos.
Realmente la condición estática del hombre es la de estar sentado, apoyado en las nalgas, una carnosidad seleccionada por la evolución para no estar quieto, para la vida maratoniana, exclusiva nuestra y de los herbívoros migratorios.
Somos, por tanto, bípedos enfurruñados, dados a la molicie del sedentarismo, malgastando el recurso de la nalga para lo contrario de lo que le dio sentido.
Respecto al carácter implume los tiempos presentes parecen ofrecer evidencias. Andamos los sapiens (m.n.t.) desplumados.
Ni la columna ni las rodillas ni las caderas tienen la calidad necesaria para soportar la condición erguida. Las estilizadas zancas de las zancudas se bastan para sostener el cuerpo sin problemas aparentes y las cervicales de las jirafas deben ser de mejor pasta que las de los humanos.
Cristina me ha traído a la memoria este post:
https://arturo.goico.es/2010/06/21/mi-columna/
Llega el verano y con él la invitación a la vida fácil, a la reposición.
¿Las uñas planas? Ni idea.
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