Evidencias y eminencias

El cerebro está condenado a construir un sistema de creencias-hipótesis sobre el que basará sus decisiones. El dolor es una decisión apoyada en hipótesis sobre daño.
Como toda hipótesis el dolor está sometido a la posibilidad de error. No siempre que duele hay peligro de daño y no siempre que hay peligro duele. La probabilidad del error varía de un individuo a otro y, en el mismo individuo, en función de momentos y circunstancias.
El cerebro construye su capacidad predictiva apoyándose en experiencias propias y ajenas y en la información de expertos.
Siempre ha habido expertos pero no siempre ha habido Ciencia en sus dictados.
La Ciencia del dolor es joven, muy joven. Podríamos situar su nacimiento a finales del pasado siglo. Hasta entonces teníamos eminencias en dolor pero no evidencia científica de las hipótesis en vigor.
Ahora disponemos de evidencias:
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Hay evidencias que invalidan lo que las eminencias dicen
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Hay evidencias que las eminencias ignoran y desaprecian.
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No hay evidencias que confirmen lo que las eminencias dan como cierto
No podemos evitar, ciudadanos y profesionales, que nuestro cerebro decida sobre el cuerpo de hipótesis que los expertos cualificados, los líderes de opinión, dan por bueno, el mejor de los disponibles.
Sostienen, por ejemplo, las Academias de Neurología que la migraña es una enfermedad cerebral genética incurable aun cuando no haya ninguna evidencia de tales genes. Sólo datos con correlaciones inciertas a los que se concede la categoría de causalidad.
Sabemos que la cultura es un factor biológico fundamental y que la conectividad cerebral está influida por ella. Conocemos la función espejo de los circuitos y el poder de la imitación. No parece que haya interés en los expertos de postín en apreciar su importancia. Andan con sus genes.
El tema de la eminencia está cada vez más disputado. Cada especialidad se disputa la autoridad en la materia y se busca, a poder ser, un hábitat en el que esté a salvo su predicamento. Hay espacio para todos, al menos secuencialmente. Primero uno y sucesivamente los demás, en orden variable, hasta completar el recorrido.
La práctica basada en la eminencia dice estar siempre apoyada en la evidencia de que su proceder es de probada eficacia, según los cánones de la significación estadística o los de su propia experiencia.
Hay una Neurociencia del dolor y una Ciencia del daño y reparación de los tejidos. Con ellas podemos construir hipótesis plausibles sobre la gestión cerebral de la función dolor y divulgarlas a profesionales y padecientes.
La gestión cerebral del dolor apoyada en lo que las distintas y variopintas eminencias defienden deja bastante que desear. Hay demasiado padeciente desencantado y desesperado.
¿Para cuándo la Medicina basada en hipótesis científicas?
No basta la ciencia de la evidencia estadística aplicada a validar unos datos. Necesitamos la Evidencia de la Ciencia de las hipótesis que aplicamos a nuestra práctica profesional.
Necesitamos la Pedagogía de esas nuevas hipótesis. Son mejores, más evidentes pero…
Les falta eminencia y, de momento… inminencia.
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