Incertidumbre y daño

La realidad somática es incierta.
La interacción del cuerpo con el exterior genera beneficio y perjuicio, combinados en una proporción variable. No todo lo peligroso está debidamente etiquetado ni nuestros sentidos son capaces de detectarlo y dar la voz de alarma. El medio ambiente contiene estados y agentes potencialmente nocivos que no podemos ver, oir, oler, degustar ni palparlos. Los gérmenes, algunos tóxicos, la radioactividad… entran al santuario somático sin problemas de frontera y sólo podemos constatar los efectos negativos ya consumados.
El aire, la comida, pueden contener amenazas varias, silenciosas, tapadas.
El interior es opaco, una caja negra. Puede estar todo en orden o cociéndose algo gordo. El tiempo lo dirá.
¿Cómo podemos identificar el peligro externo oculto? ¿Qué podemos hacer para minimizar el riesgo de daño?
Preguntemos a los expertos. Ellos dedican su esfuerzo a guiar nuestra conducta. Hábitos saludables: Haga esto y lo otro y evite lo contrario.
¿Garantías respecto al interior? ¿Cómo andan huesos, articulaciones, músculos, hígados, estómagos, defensas, nervios..?
También podemos preguntar a los expertos, solicitar que nos chequeen periódicamente con sus preguntas, exploraciones, radiografías y análisis.
Están, además, los sentimientos somáticos.
– Me siento perfectamente. No me duele nada. No me canso. Soy feliz. Me han hecho la revisión en la empresa y tengo todo normal.
Probablemente ello indica que hay salud y no enfermedad oculta. Probablemente…
– Me siento fatal. Me duele todo. No puedo con el alma. No duermo bien. No tengo ánimos pero me han hecho varias revisiones y todo da normal.
Probablemente indica que el organismo está razonablemente sano. Probablemente…
Los sentimientos de salud y enfermedad son fiables hasta cierto punto.
Encontrarse bien y pasar la revisión con nota nos da una probabilidad alta de estar sanos.
Encontrarnos fatal y pasar las revisiones con nota también nos da una probabilidad alta de estar sanos, a pesar de los sentimientos de enfermedad.
Los ciudadanos damos mucho valor a lo que sentimos. No acabamos de fiarnos de las pruebas de salud y cuando nos sentimos enfermos, preferimos que alguien nos encuentre alguna enfermedad, a poder ser soluble, con tratamiento.
– Tengo dos hernias, fibromialgia, desgaste, los años…
Es mejor eso que nada. La nada sólo sirve para alimentar la incertidumbre y los sentimientos de estar enfermo.
No hay peor dolor que el que no lo ve mas que quien lo sufre.
– Me gustaría que tuviera usted mi dolor aunque sólo fuera un día para que supiera lo que sufro…
Las enfermedades invisibles para los ojos del prójimo abundan. Abundan también las teorías que dicen explicarlas.
La incertidumbre es un caldo de cultivo para todo tipo de propuestas. Orígenes, culpas y remedios.
Los sentimientos de enfermedad exigen un reconocimiento de enfermedad. Dignidad de enfermo. Subsidios de enfermo. Compasión. Amparo. Cuidados. Terapias.
Los sentimientos de enfermedad no garantizan que la haya. Puede que el organismo esté sano pero lo gestione un cerebro equivocado. Si así fuera, no tendría sentido dar la razón a quien no la tiene.
– Me siento enfermo, realmente enfermo
– Está usted sano, realmente sano. Le cambio su cuerpo por el mío, siempre que ello no incluya el cerebro.
Un cuerpo sano gestionado por un cerebro que acepta la condición de salud comenzaría a doler si se le transplantara un cerebro ajeno convencido de que hay enfermedad.
– No me va bien el transplante de cerebro. Me duele todo. Me han dicho que rechaza mi cuerpo.
El dolor, dijo Ramachandran, es una opinión cerebral. Los sentimientos de enfermedad expresan una opinión cerebral de enfermedad.
Si el individuo comparte la opinión cerebral de enfermedad, dejándose llevar de sus sentimientos, de nada vale que el organismo esté sano. La incertidumbre sólo acepta disolverse por la vía de la certeza de lo que se teme por el cerebro y se siente por el individuo.
– Por fin me han encontrado la enfermedad…
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