Pedagogía en Neurobiología del dolor. El cerebro sensiblero - Desaprende la MIGRAÑA

Una propiedad notable de las neuronas es la irritabilidad. Son sensibles, excitables e irritables, es decir, respondonas. La cuestión es a qué, cuándo, cuánto y por qué.
El sistema nervioso está constituido por diversas capas de procesamiento. La evolución las ha ido añadiendo sin eliminar las previas. Todas funcionan de modo integrado. De otro modo sería un caos. La jerarquía entre las capas es cambiante. A veces mandan las capas inferiores y otras, las superiores.
Las capas inferiores son las primeras en recibir señales de la realidad. Si esas señales indican de modo inequívoco peligro se toman allí mismo decisiones. Se responde sin esperar a las consideraciones de alto nivel. Si me he pinchado con una rosa las señales de peligro generadas en los nociceptores disparan la respuesta de retirada sin más consideraciones. La mano se aleja antes de que el cerebro tenga noticia y podamos sentir dolor. Las neuronas motoras de la médula espinal se irritan con la noticia de nocividad y responden.
Las neuronas respondonas del cerebro se irritan también cuando llegan noticias del pinchazo. Para entonces la mano ya está lejos del rosal. La irritación cerebral genera indagación de la mano, localizar el pincho, extraerlo, memorizar el suceso, inhibir decisiones de coger rosas, mirar antes de hacerlo. Es una labor evaluativa sobre causas y consecuencias de lo ocurrido, con voluntad de que no se repita el incidente en el futuro. El cerebro se ha irritado y andará sensiblero con las rosas una temporada.
Las capas superiores, además de hacer evaluaciones sobre sucesos consumados, se dedican también a calcular probabilidades de sucesos posibles. Graban información que consideran relevante para sus augurios, memorizan sucesos propios y ajenos, escuchan a los expertos… Las neuronas de las capas superiores se excitan, sensibilizan e irritan con lo que pudiera ocurrir y su respuesta se hace realidad a través de la percepción.
El cerebro irritado, respondón, convierte en dolor su miedo al daño, en base a sus procesamientos virtuales. Se ha vuelto sensiblero por expectativa de lo que pudiera suceder. Cualquier contingencia puede ser una señal: un momento, un lugar, un alimento, un viaje, una variación hormonal, un movimiento, la niebla…
El cerebro respondón ha perdido la medida de lo razonable. Pone en alerta todas las capas de la nocicepción (detección de nocividad). Cualquier estímulo se encuentra con la respuesta irritada de todos los niveles, desde el nociceptor hasta el córtex prefrontal.
¿Qué vuelve sensiblero, irritable al cerebro?
Unos dicen que es la mala vida de los tejidos: posturas, sobrecargas, estreses, contracturas, puntos miofasciales. Las noticias continuadas de que las condiciones no son adecuadas irritan al cerebro y lo vuelven respondón, doliente.
Otros dicen que son las noticias virtuales, aquellas que dicen…
Realidad y virtualidad son poderosas. Sucesos consumados y temidos operan en proporción variable.
Hay que ocuparse de las condiciones de vida de los tejidos y también de las condiciones de generación de miedo injustificado en las neuronas.
Se habla mucho de la sensibilización central. El dolor crónico o recurrente, en ausencia de daño relevante, está generado en una red de neuronas irritadas, respondonas, sensibleras.
Algunos justifican el estado sensiblero desde argumentos del malvivir tisular :
– No me extraña tal como tienes la columna…
– Ha cambiado el tiempo. Ha salido Norte.
Otros pensamos que pudiera ser, al menos en alguna ocasión, la información:
– No me extraña con lo que piensas de la columna
– No me extraña, con lo que piensas del viento Norte.
No sólo tejidos. Siempre cerebro. No sólo cerebro. Siempre tejidos… Al menos mientras no se demuestre lo contrario
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