Pedagogía en Neurobiología del dolor. Código predictivo

El cerebro no espera a recibir datos sensoriales para evaluar. Si nos disponemos a escuchar la quinta Sinfonía de Beethoven ya tenemos dispuesta la plantilla perceptiva del ta-ta-ta-ta… ta-ta-ta-ta para cuando la orquesta proceda a atacar el inicio. Al recibir sensorialmente el ta-ta-ta-ta… ta-ta-ta-ta esperado lo disfrutamos si lo recibido se corresponde con el modelo de la plantilla. Si se superan las expectativas el cerebro graba la novedosa mejora y actualiza el código esperado del ta-ta-ta-ta… ta-ta-ta-ta para próximas audiciones.
Si el ta-ta-ta-ta… ta-ta-ta-ta no llega o es de ejecución deplorable se contabiliza como un error (sorpresa con contrariedad). El cerebro memorizará el contexto (la orquesta, el director…) para poder evitarlo en el futuro.
El aprendizaje funciona así. Plantillas predictivas construídas con experiencia previa, expectativas y muestreos sucesivos para confirmar o refutar lo que se espera. Predicción y detección de error: más o menos de lo esperado. Actualización. La percepción está tocada por la predicción. Agentes, estados, circunstancias, lugares, objetos, desencadenantes… generan históricamente plantillas cerebrales predictivas que adelantan lo que va a recibirse a través de los sentidos (internos y externos). Si hemos pedido una pizza en un restaurante se preparan olores, sabores y texturas esperadas (memorizadas) para contrastarlas con el real, individual, de la que trae ese día el camarero. Habitualmente la interacción entre lo que el cerebro predice y lo que sucede genera un flujo productivo, enriquecedor, del aprendizaje. Aciertos y errores van actualizando una teoría de lo que la realidad ofrece. La percepción de dolor contiene la estructura del código predictivo. Hoy ha salido viento Sur. Toca dolor de cabeza. El Sistema nociceptivo (detector de nocividad, de peligro de daño) se coloca en alerta anticipando la aparición de dolor. El dolor aparece y confirma el temor realimentando la predicción de que se está gestando una crisis de migraña. La estructura es la misma que, por ejemplo, la de ruborizarnos. Se predice el rubor y… se confirma. También sucede con el miedo fóbico. Nos asomamos al balcón con predicción de mareo y aparece el pánico. ¿Solución? Actualizar las predicciones desde la pedagogía. Inyectar racionalidad en las oficinas del conocimiento. Disolver falacias. Explicar los procesos cerebrales. Presentar al cerebro gestor. Dejar de poner etiquetas de enfermedad donde sólo hay error: error en la predicción y error en no detectar el error. Error en proponer la solución en la utilización de terapias. Error en la negación de una capacidad del individuo de controlar el error de su cerebro. - ¿Qué hay para comer? - Callos - No me gustan. - ¡Si no los has probado! - Es igual. No me gustan. No estamos condenados a sentir náuseas si decidimos “probar” unos callos que aborrecemos (código predictivo). Podemos modificar la actitud, el código, y facilitar un cambio en la valoración del olor, sabor y textura de los callos y acabar, incluso, seleccionando los callos como nuestro plato favorito. Podemos también evitarlos y reforzar el código de rechazo. - He comido chocolate. No tenía que haberlo hecho. Tendré migraña…
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