Como crear una dolorosa o los inconvenientes de no dar al César lo que es del César.
Mar Tascón es una lectora apreciada del blog. Psicóloga de profesión, curtida en el cuidado de mujeres doloridas y desesperanzadas. Aplicaba con generosidad el modelo que habitualmente los psicólogos aplican en estos casos hasta que cayó en la cuenta de que quizás ese no fuera el modelo adecuado. Tuvo el valor de cambiar de credos y reiniciar el camino empezando por desandar lo andado con mucho esfuerzo.
Nos regaló con la confesión de su des-andadura hace unos meses y ahora ha tenido la amabilidad de enviar esta colaboración que publico encantado. Aprovecho para reiniciar el blog… Gracias Mar. 
Las personas estamos inmersas en circunstancias que pueden ser más o menos favorables, pueden cambiar y pueden estar o no bajo nuestro control.
Por otro lado tenemos nuestra forma de ser y nuestros gustos y metas en la vida y tenemos un cuerpo: músculos, articulaciones, vísceras y un cerebro. Cuando uno siente dolor y no encuentra un motivo aparente, consulta a su médico. El médico explora el cuerpo y en él puede encontrar o no la causa de dicho dolor. Si la encuentra, prescribe algún tipo de tratamiento. Si no encuentra una causa o los tratamientos no consiguen que desaparezca el dolor llega el momento de consultar con otros especialistas médicos en función de la zona del cuerpo dolorida. De esas valoraciones surgen nuevas hipótesis acerca de la causa del dolor y, por tanto, otros tratamientos. Si el dolor se alivia, fín de la historia.
¿Y si no? Puede que el médico decida explorar más allá del cuerpo y revolver entre las circunstancias. El que esté libre de problemas que tire la primera piedra. Si tienes la fortuna de estar en una buena racha tampoco te librarás. ¡Ajá! Lo que tienes es estrés. No es lo más frecuente pero podría pasar que tus circunstancias lograran resistir el escrutinio.
¿Siguiente paso? Serás tú a la que le toque ser examinada: seguro que algo estás haciendo mal. ¡Bingo! Has ganado el pase directo a salud mental. Puede que el psiquiatra o psicólogo de turno considere que lo del dolor no va con él y te envíe de vuelta a la casilla de salida. O puede que decida que el dolor es psicológico. Todo resuelto: pon tus circunstancias patas arriba y cambia de modo de ir por la vida.
Si esto tampoco resuelve el dolor: algo sigues haciendo mal. Tendrás que vivir con ello. Sería cómico si no fuera tan trágico…
Afortunadamente, habrá personas que en su periplo encontrarán a alguien en medio del camino que les advierta:
– Si te duele es porque tu cerebro lo ha decidido así. Y el cerebro también se equivoca. Y tú puedes ayudarle a enmendar el error (seas como seas y te rodeen las circunstancias que te rodeen)…
…Y se pare a explicarte que nada de lo que te han contado es toda la verdad. Y que te ayude a derribar las explicaciones que no incluían al cerebro. Y que te devuelva la confianza y la esperanza. Y que se dedique a advertir a los profesionales de su error.
Yo soy psicóloga clínica, llevo unos cinco años trabajando con mujeres con dolor crónico y hace unos meses tuve la suerte de tropezarme con Arturo, con su blog, con las personas que participan en él y, a partir de ese momento, he dejado de colaborar en la historia terrorífica pero verídica que he narrado.
Va por Arturo y por Cristina.
Mar Tascón.
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