El profesional

En el organismo las neuronas, organizadas en una red, se encargan de dar significado a la realidad, diferenciar lo apetitivo de lo aversivo, lo falaz de lo verdadero. Desde el conjunto de valores, expectativas y creencias que construyen, mueven la voluntad del individuo quitando y poniendo ganas, activando deseos y temores.
Las neuronas son las profesionales del conocimiento y el motor de la conducta.
La Sociedad es un organismo. Los individuos son células de esa Sociedad, especializados en una tarea, agrupados en colectivos gremiales equivalentes a los órganos.
Hay un colectivo de conocedores de la entraña del organismo. Entienden de lo apetitivo y aversivo, de lo que debe ser buscado o rehuido, de lo que es falso o verdadero. Los profesionales del conocimiento son en la Sociedad de individuos el equivalente al cerebro en la Sociedad de células.
Los profesionales del conocimiento valoran, sopesan lo conocido y deciden promover conductas de los individuos adaptadas a sus evaluaciones.
El cerebro humano está fuertemente socializado. Construye expectativas y creencias y promueve conductas influido por lo que la cultura del momento y lugar sugiere.
El cerebro humano es cómplice del cerebro social, es decir, profesional. Percepción, cogniciones, emociones y acciones surgen del cerebro de cada individuo aparentemente emanadas de un YO exclusivo y soberano pero ese YO ficticio navega, en realidad, movido por los hilos que prevé y promueve su cerebro socializado.
El acervo de lo conocido sobre organismo contiene verdad y falacias, Ciencia y pseudociencia y no queda claro quién de cuantos compiten por representar el conocimiento fiable merece confianza.
La Ciencia del dolor es una Ciencia joven, de apenas unas décadas. Los cerebros aun no han podido incorporar lo que de ellos empezamos a saber. Siguen gestionando el organismo y la conducta del individuo desde los supuestos todavía vigentes, unos supuestos que no contemplan al cerebro como agente del dolor.
El cerebro doliente ignora todo sobre sí mismo. Ignora que el dolor es una decisión suya y sitúa en un organismo defectuoso y en un YO irresponsable las causas. Es lo que le han enseñado a hacer los profesionales.
Cerebros y profesionales están criados en el autobombo, la autocomplacencia y la inmunidad.
Ni el cerebro ni el profesional son órganos perfectos. No nacen sabios sino vulnerables a todo tipo de falacias, aquellas que contiene el saber erróneamente validado que cada espacio-tiempo cultural promueve.
No sabemos demasiado de cerebro pero empezamos a saber que en esto del dolor (sin daño) los profesionales dan por ciertas afirmaciones que no lo son y que promueven conductas que, en el mejor de los casos, son cuestionables.
¿Por qué sigue sonando extraño comunicar a los padecientes que su dolor es cosa del cerebro y de la cultura que lo crió?
– Tonterías. Me duele porque me ha entrado el frío a los huesos…
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