El cerebro gestor

El organismo es una organización compleja. Gestionarla no es fácil. La evolución seleccionó una estirpe celular, las neuronas y su complemento glial, para cumplir con ese objetivo. Las neuronas son células con memoria. Todas las células guardan algún rastro del pasado reciente que condiciona el presente-futuro pero las neuronas están especialmente capacitadas para retener trazos, impactos de la realidad y tomar nota para futuras ocasiones.
Organizadas en una red, las neuronas socializan la memoria, la comparten y la cotillean en dimes y diretes sin fin con el objetivo de tomar la medida al mundo, buscarle las cosquillas de la regularidad, la posibilidad de anticiparse en base a lo memorizado.
Las neuronas piensan y repiensan las cosas, pre-sienten el mundo interno y externo. De esos presentimientos brotan hacia el individuo los sentimientos somáticos, los contenidos proyectados en la pantalla de la consciencia, el cine corporal.
El dolor, como toda percepción, refleja el estado de la gestión somática por parte del cerebro. Si duele, es decir, si el cerebro “duelea”, es porque se dan pre-sentimientos de amenaza a la integridad física de probabilidad variable.
El daño presentido puede haberse consumado, ser inminente o sólo imaginado. El sentimiento de dolor en el individuo será el mismo.
Sabemos que tenemos un Aparato Digestivo, otro Locomotor, Sistemas diversos, órganos, vísceras… pero no estamos demasiado advertidos de que todos ellos son gestionados por el Aparato, Sistema, órgano o víscera gestora: la red neuronal, el cerebro…
Al Aparato, Sistema u órgano Gestor no se le concede demasiada importancia en los asuntos somáticos. Se le supone dedicado a cuestiones más solemnes y específicamente humanas.
Si duele se buscan problemas en los tejidos donde se siente dolor y si no se encuentran se hurga en genes y tropiezos biográficos, en alimentos y miasmas ambientales… en todo menos en una mala gestión cerebral, en unos pre-sentimientos de enfermedad fuera de lugar.
– No tiene usted nada. Es todo normal. Sus sentimientos de enfermedad están producidos por pre-sentimientos cerebrales de enfermedad. Su Aparato Gestor aborrece la incertidumbre del mercado de enfermedad y ha optado por una política de inacción. Le prefiere a usted quieto-parado, de baja vital, encamado, medicado…
Este comentario es impensable. Cualquier otro, referido al resto de Aparatos, órganos, Sistemas, vísceras se da por plausible:
– Es el hígado, la vesícula, las defensas, los huesos, la digestión, la circulación, el estreñimiento… la dentadura…
La salud, entendida como integridad física razonable, suficiente, de tejidos, no garantiza la felicidad somática. No basta estar sano. Debe creérselo y conformarse el Aparato Gestor. No basta tampoco estar enfermo para sentirse como tal. Debe creérselo, también, el Aparato Gestor.
La red neuronal gestora genera estados de probabilidad, de pre-visión, pre-sentimientos… y, en función de ellos, brotan sentimientos en la pantalla consciente del individuo, síntomas…
El cerebro no siente dolor, lo genera. “Duelea”…
El dolor es un producto perceptivo más de los diversos que puede generar la red neuronal. Su propósito es el de promover acciones del individuo conformes con las pre-visiones y pre-sentimientos surgidas del cálculo de probabilidades.
La actividad cerebral se puede imaginar de muchos modos, con muchas metáforas. Hoy toca la del cerebro gestor de recursos:
Compra… vende… guarda el dinero en el calcetín… no te fíes… fíate… pide un crédito…
Los presentimientos cerebrales de amenaza mueven las decisiones estratégicas
El cerebro gestiona programas motores que implican a músculos, articulaciones y segmentos rígidos (huesos). Aun cuando todos ellos estén razonablemente aptos para la brega motriz cotidiana puede que el cerebro no lo crea así y prefiere darles de baja con el apremio del dolor y el desánimo si el individuo se empeña en llevar una vida razonablemente normal.
Para muchos es suficiente razón para justificar la inversión cerebral en dolor y desgana que los huesos tengan osteoporosis, las articulaciones artrosis, los discos muestren deformidades y los músculos no tengan el vigor que sólo dan los gimnasios…
Si no hay causa somática tangible podemos tirar de explicaciones psicosociales y derivar el problema del dolor a la persona a sus contingencias biográficas, a su catastrofismo y tipología psicológica.
– Yo no trato músculos ni huesos. Trato personas con músculos y huesos.
El problema es definir lo que se entiende por persona. ¿Dónde acaba el organismo y empieza la persona?
¿Quién o qué gestiona la gestión somática?
El padeciente entiende que son los profesionales quienes gestionan su bienestar somático pero están equivocados.
El profesional no gestiona la digestión, la respiración, la inmunidad ni la frecuencia cardíaca. Tampoco gestiona la gestión cerebral.
Tanto el individuo como el profesional influyen en las funciones somáticas pero no las determinan. La gestión somática está influida por lo que individuo y profesional dicen y creen de cuanto pudiera ser relevante para el organismo pero el procesamiento de experiencias, observaciones e instrucciones lo hace el cerebro a espaldas del individuo consciente.
La gestión es una función tan somática como la digestión. El cerebro procesa datos y el aparato digestivo moléculas (también de espaldas al individuo consciente).
Sólo disponemos de síntomas, sentimientos… informes… opiniones cerebrales… sugerencias o apremios del órgano gestor…
El dolor de cabeza no suele ser un síntoma de una mala digestión sino de una mala gestión.
– No es la digestión… es el cerebro gestor…
– No estoy de acuerdo.
– Entonces tenemos un problema con la bi-gestión: su cerebro y usted. Son dos malos gestores en uno.
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