Objetivos

Detrás de toda conducta existe un objetivo, un propósito.
El dolor es un output cerebral, una acción cuyo propósito es generar una conducta del individuo que consiga desactivar la alarma.
El cerebro procesa pasado, presente y futuro y de ese procesamiento salta a veces a la pantalla consciente eso que el individuo identifica como dolor, en un determinado lugar, momento y circunstancia.
El circuito de valoración de amenazas tiene noticia de que ha saltado la alarma en forma de dolor y desde ese momento desplegará una serie de propuestas de conducta cuyo objetivo es seleccionar aquella que hace que la alarma se silencie. Esa conducta evaluada como eficaz quedará memorizada y será requerida cada vez que salte la acción cerebral del dolor.
La conducta del individuo tendrá como objetivo, también, el cese del dolor, la normalización de la percepción corporal de alerta, el silenciamiento de la alarma.
El objetivo del control del dolor es un objetivo secundario, engañoso. El verdaderamente importante es el de conseguir un procesamiento cerebral de pasado, presente y futuro que, en condiciones objetivas de normalidad, no genere disparos (falsos positivos) de peligrosidad y obligue al individuo a hacer ajustes conductuales innecesarios (meterse al cuarto oscuro, tomar el calmante, dejar la actividad…) buscando una acción que se sigue del aplacamiento del dolor.
– Entiendo lo que me explica… pero ¿qué hago cuando el dolor aprieta?
Desde la perspectiva del error evaluativo cerebral el objetivo del padeciente debe ser el de enfriar el output cerebral y para ello debe proyectar convicción de normalidad, error de valoración de amenaza en el sistema… Si la acción del individuo es exitosa el dolor se aplacará y se reforzará la estrategia para próximos errores…
Poner el punto de mira en la analgesia precoz con acciones terapéuticas (fármacos, relajaciones, meditaciones…) puede que resulte exitoso a corto plazo pero obligará a ejecutar siempre la acción para normalizar la percepción de dolor que ha saltado.
El trabajo cognitivo es determinante. Hay que inyectar conocimiento en la red: derribar falacias y sustituirlas por Biología.
También es determinante el trabajo conductual. Hay que oponerse a las pulsiones cerebrales que pretenden obligar al individuo a explorar conductas que silencien el dolor. La solución no está en una conducta exitosa del individuo sino en la corrección del error evaluativo por parte del cerebro.
El cerebro busca la normalización perceptiva, el silencio corporal interno y el pitido del dolor es la referencia, el indicador de que hay algo que lo perturba pero debe neutralizarse dirigiendo el trabajo hacia su verdadero origen, el proceso evaluativo, cronificado en las memorias. Cualquier éxito aparente en acabar directamente con el dolor es un paso atrás, aparentemente exitoso en el corto plazo pero facilitador de nuevos errores de cara al futuro.
– Me duele… ¿qué hago?
– Corte de mangas al cerebro y seguir con el programa…
– No me da una solución…
– No. Es lo que el cerebro busca. Como (aparentemente) la encuentre, está perdida la batalla…
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