Grupos de migraña. Fin de curso

Ayer acabó el curso para otro grupo de diez mujeres con migraña.
Hablamos de neuronas ON-neuronas OFF y plasticidad cerebral y repasamos los conceptos fundamentales desarrollados en estas cuatro clases.
Comentarios previos y comentarios finales.
Se ha normalizado la percatación de que en esto del dolor hay un cerebro responsable, un cerebro con el que podemos hablar y disentir o aprobar cuando nos hace propuestas en forma de percepciones.
– Me empieza el dolor… hablo con mi cerebro… le digo que no pasa nada… que no le voy a hacer caso…
El consumo de fármacos ha bajado espectacularmente. Hay menos crisis, son menos intensas. Menos vómitos. Más vida social. Más transgresión con “lo prohibido”, menos cuarto oscuro.
Están contentas.
Dentro de dos meses tendremos un reencuentro para cambiar impresiones y recoger datos.
En algunas sigue vivo el miedo al sufrimiento, a la brutalidad de la crisis desatada. Manda el “por si acaso llevo el calmante en el bolso”.
La mayoría ha decidido afrontar el ronroneo del dolor sin fármacos, continuando con la “vida normal”, con los planes previstos, unos planes que, antes del curso, se habrían desbaratado.
Know pain, no pain… Conocer la cocina del dolor ayuda a librarse de él, no por adquirir habilidades para neutralizarlo, ejercicios, relajaciones o meditaciones… sino por la convicción de que en la cabeza no sucede nada anómalo y que todo es consecuencia de un cerebro alarmista criado en una cultura alarmista.
¿Qué tiene la cabeza que no tengan otras zonas corporales? Nada.
¿Es el modelo aplicable a otros dolores, por ejemplo, dolores “lumbares”, “músculoesqueléticos” o se necesita, además (o en vez de), un trabajo biomecánico de corrección?
En el curso abordamos cuestiones (sistema de recompensa, copia eferente, neuronas espejo, aprendizaje, neuronas ON-OFF, necrosis-apoptosis, inflamación, cultura, evolución, placebo-nocebo…) que, en lo que yo conozco, no se consideran en los pocos programas de educación en Neurobiología del dolor descritos, en dolor raquídeo crónico.
Creo que son cuestiones pertinentes, independientemente de dónde se ubique la percepción dolorosa.
En el dolor sin daño-disfunción relevante, hay un cerebro equivocado. Hay que derribar un edificio de creencias y reedificar otro nuevo, apoyado en conocimiento validado.
El miedo es el agente patógeno. En cada caso ese miedo está proyectado a una actividad distinta. En la migraña el miedo no siempre tiene una diana concreta. Es el miedo al dolor, a la crisis. En el dolor “músculoesquelético” hay miedo al movimiento, potenciado por una idea de estructura frágil y débil.
“Mi autoestima ha mejorado” comentó una alumna.
De eso se trata: recuperar la confianza perdida en el organismo en el que uno reside. Recuperar la confianza en la Biología y perderla en la Cultura que alimenta la convicción de enfermedad aun cuando uno esté sano. Desconfiar de genes, cambios hormonales y estreses o de desgastes y pinzamientos.
No sé si nos haremos con las evidencias estadísticas que se exigen en las oficinas que extienden los certificados de lo evidente. En los cursos nos movemos en el pantanoso mundo de las ideas, la subjetividad… un mundo en el que caben todos los sesgos. Haremos números cuando lleguemos a la muestra exigida para mostrar el trabajo.
Digan lo que digan los números sabemos que el curso funciona:
Han oído hablar por primera vez del cerebro y han aprendido cosas importantes, evidentes en su falsedad o veracidad.
– Ha mejorado mi autoestima…
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