El cerebro soñador

Dice Rodolfo Llinás que el cerebro sueña la realidad.
Así es aunque no sea así como parezca.
Intuitivamente pensamos que lo que percibimos es una simple transcripción de la realidad. Abrimos los ojos y vemos lo que hay por ahí. Captamos sonidos, olores, sabores… Todo ello entra a la red neuronal a través de los sentidos y llega a la trama de circuitos de la consciencia atravesando conocidos caminos de conectividad. Así parece suceder. No se fíe de las apariencias… siempre.
Ahí fuera no sabemos bien lo que hay. Energía, materia y tiempo-espacio… creo que dicen los sabios… El cerebro construye con esos mimbres los cestos de cuanto percibimos, pensamos, padecemos y decidimos.
¿Sentimos dolor en un brazo? Pensamos que es en ese brazo donde se ha generado y que los sentidos del dolor lo sienten, detectan y conducen por un camino específico que lo lleva a las áreas cerebrales que lo hacen consciente. Lo que llega por la ruta marcada, exclusiva, del dolor, es dolor. Todas las señales que llegan por ese camino tienen que corresponder a sucesos dolorosos. ¿Llegan señales del brazo por el camino del dolor? El brazo duele… Elemental… demasiado elemental…
En el brazo con sentimiento de dolor sólo hay materia, energía y tiempoespacio… creo que dicen los sabios… Todo lo demás es sueño cerebral. ¿Duele el brazo? El cerebro sueña peligro en brazo y ese sueño se expresa en la conciencia como dolor. No hay caminos marcados para el dolor que lo conduzcan de los tejidos afligidos a la conciencia. No hay dolor mas que en la consciencia y el sueño cerebral se hace consciente cuando el cerebro necesita activar al individuo en función de lo que en cada momento esté soñando.
Comentan las alumnas del grupo de migraña que con frecuencia el dolor les despierta y que esa circunstancia les desconcierta pues estando dormidas no podían estar pensando y, por lo tanto, nuestras propuestas parecen venirse abajo…
– Me despierta el dolor. YO no podía estar pensando estando dormida…
El YO está dormido porque así lo ha decidido el cerebro. Con esa decisión se apagan los ojos pero siguen abiertos oídos, narices y piel. Al cerebro llegan las señales que genera el mundo limitado de la guarida y el cerebro las analiza por ver si hay algo relevante en ellas. Si lo hay el cerebro abre los ojos para ver y, generalmente, despierta al individuo para que mire y recoja datos de lo que está sucediendo.
El sueño cerebral no se limita al mundo de piel-afuera. Probablemente nada amenazante sucederá en la guarida. Lo que, a veces, inquieta el sueño es la incertidumbre del mundo de piel-adentro, el sagrado recinto donde habitan las células.
Si al tiempo-espacio de la cabeza le corresponde miedo, posibilidad de daño… el cerebro abre los ojos y despierta al individuo para contagiarle de ese miedo con el dolor.
El dolor que despierta no es sino la expresión de lo que en ese momento estaba soñando el cerebro.
A veces lo que el cerebro sueña tiene que ver con lo que realmente está sucediendo y, estando el individuo dormido, pueden suceder cosas amenazantes en la cabeza, dando lugar a que el cerebro las considere relevantes, lo bastante como para abrir los ojos y desperezar al individuo con el dolor. La mayoría de las ocasiones el sueño cerebral está alimentado por el miedo probabilístico al aquí-ahora a lo que los sistemas de memoria de futuro sueñan sin descanso.
El miedo puede avivarse estando el individuo dormido pues es una condición de indefensión tener los ojos vendados.
– YO no podía estar pensando…
– Cierto. Usted estaba dormida pero el cerebro no duerme y sueña, a veces plácidamente y otras con angustia, suficiente para decidir despertarle.
Cuesta disociar lo que es cerebro y lo que es individuo consciente, lo que es sueño cerebral con individuo dormido o pensando en Babia de lo que es también sueño del cerebro pero con los sentidos atentos a lo que en ese momento sucede.
En el tálamo confluyen sueños y sentidos. Hipótesis y datos. A veces mandan los datos sensoriales y otras las hipótesis, los malos pre-sentimientos del sueño cerebral.
– YO estaba dormida. No estaba soñando que me doliera. Es un dolor real.
– Nadie dice lo contrario. La realidad de los sentimientos conscientes tiene que ver con la realidad de los sueños cerebrales. Las dos realidades son reales. Queda la incertidumbre de la realidad real: materia, energía y tiempo-espacio…
¿Qué está pasando, realmente, donde y cuando duele?
Generalmente nada. Duerma y despiértese tranquila.
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